miércoles, 30 de septiembre de 2009

Nosotros y los pájaros


Prévert decía que aprendió tarde a amar a los pájaros. Yo, por suerte, aprendí temprano.
Me encantaría haber nacido pájaro.
Ahora mismo, escucho en un balcón un canarito que canta. Mentira que ellos no cantan cuando están tristes. Los pájaros viven cantando. Ésa es su manera de ver el mundo. Cantando. ¿Hay una manera más noble de vivir que ésa? ¿Hay una mejor manera de conocer la tierra que a través del aire?
Miro a ese pajarito en la ventana del vecino. La jaula es ínfima. La ventana del vecino es ínfima. Ya sé que no es bueno privar a un animal etéreo como éste de la libertad. ¿Pero alguien se pregunta si su departamento en relación a uno no es del mismo tamaño que la jaula del pájaro?
La libertad es la misma. La diferencia es que ellos cantan. Y nosotros no cantamos.
Nosotros nos adherimos al trajín de la ciudad, a las rutinas, los horarios, a los quejidos, las bocinas, los gritos histéricos. ¿Y por qué? Si nosotros también podemos cantarle a la monotonía. Decirle que nos deje de romper las pelotas con la prisa. Que después de todo a ningún lado llegamos así vayamos lento o vayamos rápido.
Yo me sumo a la decisión de los pájaros. A recoger migas de amor en las plazas. A cantar tras las rejas, tras las nubes, tras las penas. A volar en círculos alrededor de los tanques de agua. A hacer mi casa en un árbol con barro y con mis manos. A tomar de la cascasa, del arroyo, o de la fuente sucia. A picar en las flores su sabor maravilloso. A bajar a la tierra sólo cuando sea necesario, para descontrolar un poco. Para pensar qué tontos estos que andan con los pies.

martes, 29 de septiembre de 2009

El pulverizador



Andrés me contó que descubrió que tiene un enorme y extraño poder. Mira las nubes y las pulveriza. Así de fácil. Sólo las tiene que mirar un minuto y las nubes se desprenden en miles de minúsculas partículas y desaparecen.

Dijo que había descubierto esto ayer, en casa, tomando mate y leyendo alguno de esos libracos que suele llevar encima.

Cuando él miraba la ventana con la nube, la nube se abría lentamente y se esfumaba. Y el sol volvía a entrar en el living como si nada.

Fue un rato así. La pobre nube gorda que aparecía tapando el sol, sólo tenía un minuto de vida cuando él la miraba. Pedía piedad, pero Andrés la pulverizaba con toda la furia, o con toda la ternura que también puede acarrear la muerte en el aire.

¡Es que hacía tanto frío ayer en la ciudad para que se les ocurra aparecer a las nubes! Por suerte el pulverizador andaba suelto por el mundo, para espanto de las pobres ovejas volantes...


(Con razón en la playa con Andrés siempre había sol...)

sábado, 26 de septiembre de 2009

Mujeres que desaparecen




Ayer en el Festival contra la trata había muy poca gente. El parque Centenario estaba húmedo y por suerte en la puerta vendían esos panes rellenos que te cambian el día. Tomamos mate mientras antú dibujaba y la hora de comienzo se extendía bajo la noche limpia. Qué linda noche que era. Esas noches especiales para tomar un vino mirando el cielo y contando historias y dejandote viajar por una guitarra...


Cuando cantó Liliana Herrero el momento se volvió mágico. Era casi una obviedad que se volviera mágico el mundo si esa mujer con esa voz paraliza el universo.... Las canciones de Cabrera, el poema de Goytizolo tan triste así cantado, llenando de nostalgia el aire de asfalto del Parque Centenario...


Y Luis Pescetti,
y su mirada lúdica y maravillosa de las cosas y su alegría y su continuo movimiento...
Aunque su canción esta vez se puso seria.
Es que no estábamos ahí juntados para reírnos y para jugar, porque aunque todos sabemos que las tristezas también pueden reirse y jugarse, anoche estábamos hablando de gente que desaparece.

Y no es cuestión de que la gente desaparezca y la vida siga. No se puede permitir que la gente vuelva a desaparecer en este país y en todo el mundo y este país y todo el mundo siga girando como si nada. ¿Cómo se puede vivir así?¿Cómo se puede seguir mirando para otro lado cuando estas cosas siguen pasando? ¿Por qué la gente pobre, desprotegida, indocumentada, o la que vive en la miseria es la que más debe soportar esta impune esclavitud siniestra? ¿Qué país estamos manteniendo?¿Cuántas mujeres más van a volverse invisibles?!?


Tenemos que cansarnos. Cansarnos de la muerte, de la corrupción, de la mentira, de los silencios. Hay que salir a hablar por el mundo. Hay que seguir andando. Hay que ponerse un altavoz y decir. Hay que decir que no nos gusta que las cosas sean de este modo. No podemos seguir siendo cómplices de la trata. Y no entiendo cómo esto pasa. Y no entiendo cómo sigue pasando...y me da tanta bronca y tanta impotencia y tanta tristeza...

(Después, a la salida, por un caminito arbolado, venía Pescetti caminando con su guitarra. No pude evitar mi amor/ternurismo/admiración y le dije que lo amaba. Y bueno, no iba a callarme...

Claro que yo todavía puedo decir te amo, y puedo caminar libre, puedo comer en un restaurante, puedo elegir con quien acostarme, puedo jugar con mi hijo en un anfiteatro en donde hablan de los hijos de puta que secuestran mujeres para prostituir.)

Yo puedo elegir.
Estaría buenísimo que todas podamos.
"La vida no vale nada" Pablo Milanés
La vida no vale nada
si no es para perecer
porque otros puedan tener
lo que uno disfruta y ama.
La vida no vale nada
si yo me quedo sentado
después que he visto y soñado
que en todas partes me llaman.
La vida no vale nada
cuando otros se están matando
y yo sigo aquí cantando
cual si no pasara nada.
La vida no vale nada
si escucho un grito mortal
y no es capaz de tocar
mi corazón que se apaga.
La vida no vale nada
si ignoro que el asesino
cogió por otro camino
y prepara otra celada.
La vida no vale nada
si se sorprende a otro hermano
cuando supe de antemano
lo que se le preparaba.
La vida no vale nada
si cuatro caen por minuto
y al final por el abuso
se decide la jornada.
La vida no vale nada
si tengo que posponer
otro minuto de ser
y morirme en una cama.
La vida no vale nada
si en fin lo que me rodea
no puedo cambiar cual fuera
lo que tengo y que me ampara.
Y por eso para mí,
la vida no vale nada.






viernes, 25 de septiembre de 2009

Reivindicación del abrazo



nada hay más necesario que un abrazo de vez en cuando...un abrazo de ésos que no se olvidan fácilmente, porque se dan con los brazos pero se logran con todo el cuerpo y con toda el alma...

un abrazo tibio cuando hace frío en la ciudad
y uno fresco cuando asesinan el calor y la humedad...
uno suave cuando se llega áspero de tanto grito y tanto colectivo
uno secante cuando se viene transpirado entero de desesperación
uno doloroso cuando la distancia y el tiempo nos mantuvieron separados
uno con viento que nos lleve volando
uno con dulce que nos deje extasiados
uno con agua, que nos deje mojados
uno con rímmel que nos deje manchados...

es que un abrazo se necesita siempre,
para seguir andando.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Necesidades


LLega la primavera y Surge la necesidad del río. Surge la necesidad del mate, del amigo.
Surge la necesidad del cielo. Del pequeño silencio. Del pájaro atolondrado.
A esta altura del año surge la necesidad del viaje. De la huida. De la escapada de Buenos Aires corriendo o volando o en bicicleta...
Nos fabricamos ruedas, alfombras voladoras, cilindros a motor como los de fuerza G.
Nos inventamos proyectos. Subidas a la sierra, nadadas de arroyo, fiestas de balcón...luces de colores en las ventanas, guirnaldas de margaritas...
Es que llega la primavera y uno pareciera obligado a sentirse libre. A tirarse desnudo en la plaza entre las flores, a acostarse tardísimo sólo por quedarse mirando las estrellas, a caminar despacio para observar la gente que anda más liviana por la vida, como si anduviera suspendida...
Es así. La primavera se acerca con una especie de brisa verde que hace que todo parezca más fácil, y uno se da cuenta que siempre, siempre es mejor buscar aunque sea una excusa para que algo valga la pena. Para que algo valga nuestra pena y nuestra alegría.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Amnesia


Anduve escribiéndome con un amigo que no vive lejos, no tan lejos, pero que hace muchísimo tiempo que no veo. Nadie sabe mucho de él. Anda trabajando en el campo y anda andando un poco y emparejado y no mucho más. Dice que ha decidido dejar de recordar. Que prefiere mantenerse lejos porque si se acerca demasiado después extraña en las mismas proporciones.
Él dice que prefiere no pensar. No pensar en su presente, ni en las cosas que va dejando, ni en nada. Prefiere trabajar en el campo y andar emparejado y olvidarse del resto de las cosas del mundo para no sentir que están lejos.
Extraña sabiduría la de él. Alejarse de lo que se quiere para sentirse menos distante. No es una contradicción, es una especie de defensa, corazón/coraza/murallón que esta personita maravillosa se impone para creerse menos separado...

Hoy hay sol en Buenos Aires. Ayer llovió con muchas ganas el anuncio de la primavera. No sé si estará el sol tan grande en Chajarí. No sé si el sol andará por la tierra en todas partes con el mismo estupor...yo lo miro apoyado en la ventana y me urge la necesidad de leer un rato. Tengo sólo quince minutos para leer por ejemplo a Juan Gelman hasta que se me haga la hora de salir...

"...don genaro hacía fogatas contra el llanto en cualquier
esquina/
decía que acariciar es mejor que recordar/
tiraba al fuego mis recuerdos de vos/
incluso el día ese que nos amamos tanto que pasaban
lunas y soles sin querer/

ojalá esos recuerdos le sirvan a don genaro para
espantar la humedad/
para tener los huesos tibios/
para andar por sabrosas libertades/
y maravillas y misterios de los que mejor no hablar/

yo no sé si quedarme sin recuerdos de vos es
quedarme sin vos/
la memoria se levanta a las 6 de la mañana y se pone
a trabajar/
viene del sueño y labra el sueño
donde soñé que me soñabas/ húmeda/"

Dejo el libro sobre la mesada de la cocina.Vuelvo a mi amigo otra vez y pienso, ojalá te sirvan los recuerdos para espantar la humedad, para tener los huesos tibios, para andar por sabrosas libertades...Porque si de algo estoy segura es que quedarme sin recuerdos de vos, no es quedarme sin vos.

Y nadie elige, ni contempla como una opción posible, la pérdida de la memoria.
Vivimos para la memoria. Comemos, reímos, lloramos para la memoria. Para permanecer acá en la tierra, por si lo demás no existe.

martes, 22 de septiembre de 2009

Arreglos



Como se arreglan los chasis en Floresta yo quiero arreglar el mundo.

Yo quiero poner un taller para reparar el mundo.

(Así, como vos arreglás el mate cuando la yerba está lavadísima, y uno, tan adentro de las conversaciones ni cuenta se da, así, de esa manera tan desinteresada con que arreglás el mate, yo quiero arreglar el mundo cuando ya no tenga sabor a nada.
Como pegás con gotita la manijita de la taza, la cabeza del superhéroe, la mano del duende en la playa. ¿Te acordás lo feliz que quedó?
Así, con gotita voy a salir a pegar el mundo, a juntar sus pedazos, a hacerlo uno.)


domingo, 20 de septiembre de 2009

Miedos


Estoy en Concordia. No he hecho grandes cosas. Anduve sí, pero un poquito. Hoy salimos a caminar con Tere y con Carbón. Cuando quisimos subir por la pasarela del ferrocarril, Carbón se negó. Por más que insistí, él se negó. Dos perritos menuditos, ínfimos, subían y bajaban por la escalera (ex precaria, ahora remodelada) de la pasarela como si nada, como si fuera una proeza que realizaban todos los días a todas horas. Carbón, con su tamaño gigante y su grueso collar gigante no se animaba a subir la escalera de hierro. Intenté subirlo a la fuerza, empujándolo de atrás de costado, pero nada. Carbón, mi perro gigantesco se moría de miedo. Los dos perritos hacían una danza de subida y bajada. Movían las patitas en perfecta concordancia el uno con el otro. Se meneaban en un reggetón perruno de ladridos y colas bamboleantes. A carbón no le importaban las demostraciones de valentía de esos dos pequeños circenses, él tenía miedo. Y contra el miedo hay muy pocas cosas que pueden hacerse. La gente que no tiene miedo, o que no comparte tus miedos, cree que es muy fácil superar ciertas cosas. Superar al terrible monstruo que está bajo tu cama por ejemplo. O al asesino serial que se esconde detrás de la celosía y está esperando que apagues la luz para saltar sobre vos. Es muy fácil para los demás darte ánimo cuando no los inunda a ellos un pánico de la misma calaña que el tuyo.
Insistí con carbón. Se asustó más. Hizo tanta fuerza con la cabeza que se zafó del collar y me dejó a mí sola con collar y correa intentando subir a un perro invisible y él se fue. Corría a toda velocidad por el borde de las vías con los trenes parados y el sol brillante y los árboles verdes y los dos perritos pequeños que lo corrían mordiéndole los talones y cantando una especie de canción aullido de ferrocarril.
Yo me quedé ahí, con mi perro invisible, con la pasarela vacía, con el viento invisible, con el miedo invisible de carbón y la tarde callando, rosada, como una flor.

jueves, 17 de septiembre de 2009

LLueve en Buenos Aires


Llueve sobre Buenos Aires. Caen gotas pequeñas como invasiones. Gotas delicadas y finas. Gotas de lluvia melancólica, no furiosa. Llueve una lluviecita delgada como un horizonte. Parece como si acariciara las ventanas. Parece como una miel transparente su deslizamiento por los vidrios de la cocina.

Me preparo el mate. En el edificio de enfrente un vecino se prepara el mate, y mira la lluvia. Que cae como una sombra hecha de plumas sobre la calle gris.

El kiosquero de la esquina mira la lluvia. El perro negro gigante mira la lluvia. El parrillero mira la lluvia. El dueño de la mercería con su cara cuadrada y con pena, mira la lluvia. El portero, recostado en la pared mira la lluvia.

Llueve sobre la ciudad un jueves de septiembre. Hace tres años ya que desapareció Julio López. ¿López también mirará la lluvia desde algun lugar? ¿Habrá un punto en donde todo lo que se perdió en el camino también mire la lluvia?

Hay un red que une lo que nosotros miramos. Es como si la lluvia haya tomado en serio su oficio de tejedora de redes. Mirándola nos hemos reducido a ser la misma cosa. No importa de dónde vengamos o hacia dónde vamos. Esta sábana de agua nos hace uno. Nos hace partidarios de un mismo viaje cuya soledad colectiva puede ser maravillosa.



"Lluvia" Juan Gelman


hoy llueve mucho, mucho,
y pareciera que están lavando el mundo.
mi vecino de al lado mira la lluvia
y piensa escribir una carta de amor/
una carta a la mujer que vive con él
y le cocina y le lava la ropa y hace el amor con él
y se parece a su sombra/
mi vecino nunca le dice palabras de amor a la mujer/
entra a la casa por la ventana y no por la puerta/
por una puerta se entra a muchos sitios/
al trabajo, al cuartel, a la cárcel,
a todos los edificios del mundo/
pero no al mundo/
ni a una mujer/ ni al alma/
es decir/ a ese cajón o nave o lluvia que llamamos así/
como hoy/ que llueve mucho/
y me cuesta escribir la palabra amor/
porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa/
y sólo el alma sabe dónde las dos se encuentran/
y cuándo/ y cómo/
pero el alma qué puede explicar/
por eso mi vecino tiene tormentas en la boca/
palabras que naufragan/
palabras que no saben que hay sol porque nacen y mueren la misma
noche en que amó/
y dejan cartas en el pensamiento que él nunca escribirá/
como el silencio que hay entre dos rosas/
o como yo/ que escribo palabras para volver
a mi vecino que mira la lluvia/
a la lluvia/
a mi corazón desterrado/

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Consecuencias


Camino al profesorado un hombre que venía del brazo con una mujer vieja lanzó una carcajada que lo hizo quebrarse. La carcajada salió en forma de vapor y atravesó un colectivo que venía pasando, la gente atravesada por la carcajada que venía en el colectivo atravesado por la carcajada comenzó a quebrarse. El viento comenzó a soplar de una manera rara, como feliz. Los árboles que rodean el edificio de Aguas Argentinas expulsaron los pájaros. Los pájaros bajaron violentamente sobre calle Viamonte y dejaron plumas en todos los parabrisas. Los chicos que suelen limpiar los parabrisas se tiraron sobre los capots con detergente. Del detergente salieron burbujas que rodearon los edificios de Riobamba. (La calle Riobamba suena a carcajada). Una burbuja entró en el piso 12 del edificio verde. Una señora cocinaba arroz y la burbuja se metió en la olla. El marido se quejó de que la comida tenía gusto a jabón. El jabón le cayó mal al señor y bajó a la farmacia sobre calle Ayacucho para comprar unas hierbas para hacerse un té. El señor llegó tarde a su trabajo de vigilancia de pago fácil del correo de calle Córdoba por culpa de una burbuja de jabón. La gente del colectivo atravesado hizo con su movimiento tan sincronizado que el colectivo vuelque sobre una vidriera de ropas escolares. Una joven en plena volcada logró agarrar un uniforme del colegio lasalle que luego revendió en una feria americana del barrio de Almagro, y con esa plata le compró a su hijo un libro de cuentos.

El hombre que provocó la carcajada se reía de que alguien alguna vez pensara en que se puede cambiar o mover el mundo.

martes, 15 de septiembre de 2009

La poesía de Perlongher es una loca...



A veces convivo con la poesía de Perlongher. Se pone medias de red y se pinta tan rojos los labios que yo le digo que pare un poco. Se pone una peluca rubia hasta la cintura y se delinea los ojos tan fuerte, como si fuera con un carbón. Toma vodka del pico y recita palabras inventadas por ella. Sale a la calle atropellando la puerta y aunque intento retenerla se va igual. Y vuelve de madrugada, con el lapiz de labio corrido, el pelo despeinado, las medias rotas y me cuenta de las calles de la ciudad nocturna.

A veces convivo con la poesía de Perlongher. Una poesía franca, directa y adornada. Llena de anillos, pulseritas, y aros. Con una camisola toda bordada de florcitas y un jean bordado en los bolsillos con lentejuelas. Yo le digo que sea un poco más sobria. Pero ella me contesta que no conoce otra forma de ser en el mundo. Que no hay otra manera de ser en el mundo.

Tomamos un mate cocido en la mañanita y ella se come una tostada con mermelada y con manteca y un bizcocho y una galletita de salvado. Todo todo gira alrededor de ella haciéndola más fuerte y más grande.

La poesía de Perlongher sabe qué decir. Supo decir "desaparecido" en plena dictadura y "sida" cuando nadie más en la tierra se animaba a decirlo...

Porque a las cosas hay que llamarlas para darles vida, y esa también es una función necesaria del poema. Y de los poetas, que como Perlongher, se han jugado la vida por seguir nombrando.
"Tortuga" de Néstor Perlongher
Y si, temiendo herir, no se penetra
por miedo de asustar, no se persigue no se golpea
para no despertar a los durmientes no se grita
no se abre
la puerta donde mamá cuelga el soutien, los espirales,
por no blandir el picaporte, frío?
se echa a los vagabundos del jardín para que tengan más lugar
las moscas
"...es demasiado grande para nosotros dos..." el mar,
la culpa
el Caribe infestado de galeotes, de godos, de torvos policías
de provincia
Si, por no salpicar, no se sumerge
acaso el bíceps del atleta igual reluce?
se frunce el pliegue de su malla si, colocado ahí,
no se acaricia, no se palpa, no se...?
tras de las verjas
detrás del tranway, por no meterle bulla, no se corre
no se anima el traspié, la zancadilla
se hace remoto el paso, corto el cuerpo
Si, por no ir a Guayana, se elude la tortuga
se entibiarán las tibias del pabellón, los abordajes?
si, por temor al mar, no se marea
no se caminan los acantilados donde florecen las madreperlas,
en el fulget de las filosas rocas
negar tanto? no dar paso al que acecha en la escollera
por si acaso el que entra ya no sale?
no se desprende, aferrado como las ladillas a las causas
no se expele

sábado, 12 de septiembre de 2009

Sobre la gente que anda andando (dos)



Conozco una persona inquieta como un colibrí. Zumbador. Andante. Viajero. Conozco una persona que no soporta quedarse quieta. Una personita torpe que no te deja pagar en el restaurante, ni en el kiosco. Que derrama las papas cuando abre el paquete. Que tira todos los caramelos del tarro. Una personita que cuando vivía en Buenos Aires se iba caminando de su casa de la calle Montevideo, hasta la escuela de fotografía en La Boca. Una persona que caminaba y que encontraba cosas maravillosas en cada rincón de la ciudad.

Este pájaro no podía dejar de estar moviéndose. En los momentos tristes él cantaba una canción. Cantaba siempre este corazón, cantaba Zitarrosa, cantaba Violeta, Maslíah cantaba...

Una vez se fue. Era esperable de un hombre que no sabía estar en un sólo lugar. Se fue a España y por ahí y por allá y se quedó en Londres. Algo debe tener Londres pienso yo. Algo más que llovizna y grises como nos la pintan por acá. Algo hermoso debe haber en Londres para que este hombre de tantos colores haya encontrado su lugar allí. No sé. Dicen que el amor nace justamente de las contradicciones. Quizás sí.

Ahora el Fabri sigue viviendo allá y a mí me da un poco de bronca Europa. Bronca me da. Que se haya acaparado a este viajero volante, que lo haya enfelizado y no lo deje regresar.

Nos escribimos a veces y entonces me comenta de su enamoramiento ciudadano y yo me pongo a pensar en Buenos Aires y nada. Ni un premio consuelo le daría a esta ciudad violácea y angurrienta.

Fabri decía que la memoria era una especie de galería en donde echar mano de vez en cuando para sentirse feliz. Yo pienso que la memoria es el mejor lugar para ir a pasar el día, con una canasta, mantel a cuadros y sanguchitos de miga.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Sobre la gente que anda andando



Tengo un amigo que se parece a Juancito caminador. Tengo un amigo que un día se cansó de buenos aires y entonces se fue. Dijo hasta pronto y se fue a andar. Se fue a andar, a andar andando, a recorrer el mundo con lo puesto, lleno de ideas, de recuerdos, de canciones. El juanchi se fue a contar y a recibir historias ajenas. Se fue a llenarse de porqueses, de cómos, de cuántos. Se fue a llenarse de contigos, de conmigos, de conellos, de todavías. Juanchi se fue, y vive de andar y de conocer. Y en los veranos vuelve a concordia, y entonces, sin explicaciones, sin acuerdos nos encontramos siempre en el río y él cuenta su año. Cuenta los colores que vio, la gente que conoció, las cosas que ahora sabe, las que pudo aprender. Y yo sé, que por donde está, siempre nos está llevando porque El juanchi se fue pero siempre está volviendo, y todos sabemos, que aunque lo haya dicho Cortázar, todos andamos sin buscarnos, pero sabiendo que andamos para encontrarnos.

"Soltar todo y largarse" Silvio Rodriguez

Soltar todo y largarse, qué maravilla,
atesorando sólo huesos nutrientes.
Y lanzarse al camino pisando arcilla,
destino a las estrellas resplandecientes.

Pantalones raídos, zapatos viejos,
sombrero de ventisca, ojo de garra,
escudriñando enigmas en los espejos
y aprendiendo conciertos de las cigarras.

Con amores fugaces e inolvidables,
con parasiempres grávidos como espuma
y el acero afilado de los probables
colgado vigilante junto a la luna.

Soltar todo y largarse. Qué fascinante
volver al santo oficio de la veleta,
desnudando la vida como un bergante
y soñando que un día serás poeta.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Quién hubiera podido, mi pequeña.


Hace tiempo que me gusta este poema. A veces lo lloro más, a veces menos. He tratado de leérselo a todo el mundo, es que nunca encontré tanta ternura en ningún poema. He decidido robármelo, hacerlo excesivamente mío, alejarlo de Boccanera y su hermosa palabra. Mío. Estoy viviendo ahí adentro y soy un dinosaurio. Y hoy anduve por Buenos Aires en forma de reptil. No me fue nada fácil. Algunos travestis mientras tomábamos mate me confesaron que es difícil andar entre las miradas que te perforan. Y sí. No pude subir al colectivo. A pesar de las buenas intenciones del colectivero, a pesar del señor que me empujaba por la espalda, ni siquiera me pasó una pierna por la puerta del 12. No pude entrar en el ascensor. No entré en la silla del restaurant. No pasé por la cola de la caja del supermercado. No entré en los límites de la vereda. No me subieron en el taxi. Huyeron de mí algunos niños pequeños y algunas mujeres. No me dejaron entrar en la librería, ni en la farmacia, ni en la facultad. No me vendieron el diario. No me dejaron despachar una carta en el correo. No sé. No sé qué es lo difícil. Si ser un dinosaurio o ser un poema...


"De reptil magazine" Jorge Boccanera


Es inútil,
jamás entenderías a este corazón de dinosaurio
porque has sido educada para el corazón de
otras especies,
animales domésticos,
cuyo pelambre con aroma de cedro y azucena
es más que necesario en estas épocas,
gallináceas de fastuosa cola,
plumaje verde con visos azules y dorados.


Un dinosaurio nunca ha sido ascendido en su trabajo
ni ha sido condecorado nunca,
ni siquiera ha protagonizado un film de amor.
Más bien resulta incómodo su abrazo,
ilegible su letra,
incomprensible su cuota de alcohol diaria.
Y lo que es más,
esta piel cuaternaria no comprendería nunca
las complicidades y pactos de hoy en día:
mente ágil,
disciplina,
populorum-progressio.


Yo bien sé que es inútil,
quizás en otros días,
después del maremoto anunciado por los sabios ilustres,
antes del gran diluvio,
alguna vez,
quién sabe.
Pero ahora es inútil,
porque has sido educada para otros menesteres.
Nunca el insomnio
cabalgando en esta música de besos,
encuentros insolentes,
el deseo de pastar en los campos prohibidos
y la entrega total,
de cabo a rabo.


Ahora,
recoge con cuidado tus manecillas suaves y tus
labios ociosos,
tus cabellos de seda y esa voz aflautada que entre sorbos
de té solía decir:"mañana es otro día".
Ha de haber sido horrible
haberte visto envuelta de pronto en este embrollo.
Tamaño lío,
haberte enamorado por un instante de este corazón
de dinosaurio.
Además,
nunca hubieras podido dormir con mis latidos
como de clavicordio y de tormenta.
Con estos ojos tristes quién hubiera podido,
mi pequeña.

martes, 8 de septiembre de 2009

Reynaldo se llevó el mar

Reynaldo Arenas conserva el mar. Ya lo dice su nombre. Era un hombre condenado a permanecer en las orillas. Reynaldo fue perseguido por la revolución que tanto supimos querer.

Reynaldo fue encarcelado por puto o por poeta en una revolución que decía cumplir los sueños de todo el mundo. No sólo a Federico le pasaban estas cosas. Las injusticias pululan también en aquellos sitios que amamos.
Por suerte Reynaldo nunca calló su voz y habló. Emigró de la mano de su amante el mar, porque digan lo que digan jamás podrán sacarle el mar a este poeta que era la voz de muchos oprimidos por el sistema...saboreados por el otro sistema.
Se suicidó en 1990 en Nueva York, de triste, o de enfermo, vaya uno a saber. Pero nadie nunca le quitará el mérito de contradecir a la vida, de cambiar la vida, de llevarse el universo por delante para encontrarse a sí mismo.
"Mar" Reynaldo Arenas
Ya no tenemos el mar,
pero tenemos voz para inventarlo.
No tenemos el mar,
pero tenemos mares que no podremos olvidar:
El mar encrespado de la cólera,
el mar viscoso del destierro,
el fúlgido mar de la soledad,
el mar de la traición y el desamparo.
No tenemos el mar,
pero tenemos mares.
Mares repletos de excrementos
mares de gomas de automóviles
donde empecinadamente deriva un esqueleto
(las falanges aún aferradas a la cámara
y el fragor de la metralla en el oleaje).
No tenemos el mar,
pero tenemos mares.
Mares de inescrupulosos traficantes,
mares de esbirros disfrazados de bañistas
y profesores que comercian con el crimen,
mares de playas convertidas en trincheras,
mares de cuerpos balaceados
que aún retumban en nuestra memoria salpicándola.
No tenemos el mar,
pero tenemos náufragos,
tenemos uñas, tenemos dedos cercenados,
alguna oreja y un ojo que el ahíto tiburón no quiso aprovechar.
Tenemos uñas,
siempre tendremos uñas
y las aguas hirvientes de las furias,
y esas aguas, las pestilentes, las agresivas aguas,
se alzarán victoriosas con sus víctimas
hasta formar un sólo mar de horror, un mar unánime
un mar
sin tiempo y sin orillas sobre el abultado vientre del verdugo.
(Nueva York, noviembre de 1983)


video

lunes, 7 de septiembre de 2009

"El Cuco" Eduardo Galeano




Jugando sin parar, todos mezclados con todos, los chiquilines vivían en alegre revoltijo con los bichos y las plantas.

Pero un mal día, alguien, algún caminante, llegó hasta aquel resto de estancia en los campos de Paysandú, y trajo el susto:

-¡Cuidado que viene el Cuco!-

-¡Viene el Cuco y te lleva!-

-¡Viene el Cuco y te come!-

Olga Hughes advirtió los primeros síntomas de la peste. La enfermedad que no tiene farmacia había atacado a sus hijos numerosos. Y entonces eligió, entre sus numerosos perros, al más raquítico, al más inofensivo y querendón, y lo bautizó Cuco.

domingo, 6 de septiembre de 2009

"La amistad, lo mejor de la poesía"




Con Victoria éramos amigas de chicas. No tan chicas. Once o doce años tendríamos cuando nos conocimos en el club. Ella vivía en Rosario, y yo en Concordia, nos unía mi ciudad de casualidad, porque su padre estaba viviendo ahí. Durante algunos años fuimos muy buenas amigas. Llorábamos de risa. Íbamos contra el mundo y sus bártulos, contra los adolescentes que pueden ser egoístas e intolerantes. Contra todo íbamos reivindicando las diferencias. Tomábamos colectivos sin rumbo sólo para hacer algo cuando la siesta de verano en Concordia aplastaba con su indiferencia. Comprábamos en un kiosco alejado sólo porque el kiosquero hablaba en capicúa y eso nos daba mucha risa. Nos escribíamos cuando empezaban las clases y entonces el trajín de nuestras vidas distintas comenzaba a separarnos. Nos regalabámos porquerías para el día del amigo. Nos quedábamos hasta la noche en el club charlando en la pileta, siempre tratando de encontrar a alguien más con quién delirar. Nos encantaba delirar. Las dos tenemos esa manera fina de aferrarnos a la ironía que más bien nos espanta los amigos, pero que a nosotras nos unió con cinta adhesiva.

Entonces sí, pasaron los años y fuimos dejando de vernos. Cada una agarrada a su vida nueva se dejó de escribir y así nos fuimos cada una de la historia de la otra. Y el mundo siguió, como si nada.

Hace unas semanas nos encontramos de manera cibernética. Hacía como trece años que no sabíamos nada la una de la otra. Teníamos hijos, carreras, muertes, separaciones para contarnos.

Y ayer nos juntamos a la tardecita. Ella venía de Rosario a ver a alguien y acá estuvimos.

Nos encontramos en casa y decidimos tomar un colectivo para rememorar viejas épocas. (¡Con la diferencia que Buenos Aires puede llevarte hasta el origen mismo del mundo en su extensión!) Tomamos el 60 y terminamos en el barrio chino. Entramos a un bazar a comprar chucherías, de las que antes nos regalábamos para el día del amigo. (Todavía tengo esa tacita transparente de Garfield consecuencia de esas juntadas). Y después de revisar y revisar, y cuando los chinos ya bajaban sus persianas eléctricas huimos con un gancho, una jirafa, unos clips y una pelota de perrito.

Después nos metimos en un restaurant. Ella decía que los arrolladitos primavera le traían reminiscencias de su infancia. Comimos hasta el hartazgo, tomando cerveza. Y la moza le preguntó que qué tenía en la cara que la miraba tanto. Comenzamos a reírnos. Nadie la había mirado en demasía. Victoria le dijo que tenía una piel estupenda, fantástica. Y reímos, y brindamos. Las mesas estaban tan juntas que estábamos practicamente con las otras dos de ambos costados. (A la moza le había estallado la campera china y tenía una abertura en toda la espalda, pero como el restaurante se llamaba "Todos contentos" supusimos que nadie le daría importancia)

Un individual en la mesa decía que si eras chancho debías alejarte de los chanchos. Pucha, pensamos las dos chanchos, somos los únicos que tenemos que alejarnos de nosotros mismos!

Después nos tomamos el 152 y fuimos a la casa de una amiga mía a seguir tomando un poco de cerveza. Más tarde, cuando me tomé el 12 para volver a casa, al barrio de Congreso, ella, hacía que la jirafita china me saludase y yo me alejé. Feliz.

Qué bueno que los años que pasan no cambian definitivamente el mundo.

La esencia queda siempre, el vínculo del cariño no se rompe con nada. ¿no victoria?

"La amistad, lo mejor de la poesía" Paco Urondo (fragmento)

Tengo los mejores amigos de la tierra y
los quiero de corazón, con toda mi mala memoria: ellos
sufren las angustias y las revelaciones
de esta época torva que nos toca vivir.

Qué daría por verlos fundamentalmente
alegres y despreocupados, pero nadie tiene el dinero
suficiente. A veces, cuando nos sentamos
a charlar y a tomar un poco de vino, se terminan
por un rato las catástrofes, se diluyen
con el calor del humo.


(...)


Es gente de lo mejor que hay por allí y todo el mundo
debería ofrecer años de vida por conocer a Juan o a Noé o a
cualquiera
de ellos: volcados
ciertamente sobre la vida, respirando
este aire que enriquecen, me sonríen
y se levantan a tocar los augurios buenos o malos,a golpear
diariamente los tobillos
de la realidad. A dar gracias por nuestra suerte.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Viaje en el bar


Hago tiempo en el bar. Como siempre. Sólo que hoy tengo varias franjas de hacer tiempo y eso le da un tinte diferente. Son las cuatro de la tarde y estoy tomando un jugo de naranja no natural aguado de ésos que vienen en botellas pequeñitas y rinden tresmilochocientos litros y sirven en los cumpleaños de los chicos (Seguro es jesús el culpable de la existencia de esos jugos que se multiplican y se multiplican). Hay un bullicio enorme. Puedo escuchar las conversaciones y los chirridos de las sillas y de algunas mujeres que programan el avistaje del partido de hoy a la noche. No faltan pasar las jaurías de perros atados y de gentes atadas que intentan cruzar la calle desafiando el semáforo. Qué triste buenos aires. Lo más lindo que veo es esa palomita sola que picotea un poco de basura. Y el sol.

El sol ahí arribita se olvida de todo. O se acuerda de un poco, no sé. Algo llega hasta acá y lo llena de ternura. Lo vuelve claro y tibiecito. El jugo berreta con el sol se vuelve transparente y yo miro a través de él y regreso, otra vez, al río.

Un río naranja me envuelve y me olvido yo también de todo. Dejó de existir mi hacer tiempo de franjas y me fui. Aguantame. Te llevo un trago de jugo con sol así te venís conmigo. Queda abajo tu casa y también te envuelve el río.

(Y desde el aire yo digo, qué triste, buenos aires, lo más maravilloso que te veo esta tarde es esa palomita sola que picotea un poco de basura)

Y cuando caemos en la playa somos arena. Caemos bruscamente y el jugo se derrama, todo, todito se lo toma la tierra. Se lo toma y se llena de fuerza naranja atardecida. Empezamos a formar parte del mundo que calla. Y el río está ahí. Firme, celeste, amarronado con el sol gigante que se escapa y va dejando rosado a su paso, rosado, rojo, naranja, naranja...Y desaparece todo. Desaparece la noción de tiempo. Las distancias se vuelven invisibles y bajan las estrellas a la orilla y ese ruido, ese ruido que desvela es la maquina de café y el mozo que me dice:"¿Esta usted bien señorita?".

Y vuelvo a estar sentada en la mesa del bar de Avenida de Mayo y ya es hora de irme y no sé cómo paso el tiempo, y no entiendo cómo es que se pasa así el tiempo...

viernes, 4 de septiembre de 2009

ALEGRÍA!!!!




dale, carbón! dame la receta de la felicidad!!!

Descarga


Un poco a veces me gusta más que mucho siempre. Si mucho siempre agota y poco a veces estimula como un motorcito una cuerda un beso a veces, y uno se llena de ilusiones y muchos besos siempre tapan las ilusiones y un encuentro casual a veces te excita todo entero no como muchos encuentros siempre que se hacen rutina y rutina es mucho siempre y a mí me gusta el poco a veces...

Lluvia



En Concordia no me canso de respirar. Tampoco me falta el aire como acá. Concordia tiene ese olor a humo y a eucalipto y a naranja. Parece remedio para nebulización. Con pino, con frío, con perro, con grillo. Toda verde. Todo verde el contorno de la ciudad y la ciudad gris (como todas las ciudades).

Pero tanto árbol. Tanto hongo marrón en los caminos. Tanto agua y respiro. Y vuelvo a respirar. Y cierro los ojos. No hay sol. Hay mil nubes reprimiendo una lluvia desesperada. La siento. Siento que quiere nacer la lluvia y empuja y empuja. Pero todavía no es hora. Faltan preparar algunas cosas. (¿Cuánta dilatación tiene?¿Ya rompió bolsa?) La nube no aguanta más de dolor. Se retuerce de las contracciones. Deja caer algunas gotas. Ya salió la cabeza de la lluvia y llora, y empuja y empuja. Ahí viene. La lluvia. Y el olor ahora es más intenso. Y el humo se apaga, se hace vapor eucaliptado. Azahar mojado. Y respiro. Puedo respirar mejor que nunca. Y me gusta correr bajo la lluvia.

Busco encontrarte por ahí. Refugiado bajo un árbol. Y crecen las flores. Y esos hongos se transforman en casas y ahí te invito a vivir. Como en un cuento infantil, salvo que el lobo nos está esperando con la cena servida y una buena película en la televisión.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Convivencia


Dijiste que compartir la vida era tan fácil como compartir un vaso de vino. Pensamos los dos. Hace cuánto tiempo nuestra vida se distribuye entre la gente como un chisme barato. Hace cuánto tiempo nuestra pequeña historia es despedazada por la gente como el maíz por las palomas de la plaza.

Pensamos los dos. Y cómo me deja seducir tu mueca intelectual, y yo, que siempre odié la postura intelectual, busco perderme para siempre entre tus piernas y comerme aunque sea un poquito de tu cuerpo.

Porque a tu cuerpo hace tiempo que se lo disputan los pájaros y los peces. Y tu cuerpo hace años que esconde un pedazo de nube blanca entre las uñas.

(A mi me parecería fácil compartir una vida con el mundo. Si el mundo te tuviera entre sus brazos como una muñeca de trapo, y te arrullara, y te meciera para que te duermas, en un vaivén de pequeñeces que te hicieran sentir ínfimo y aprovechable.)

Dijiste que no te gustaba el sabor de cualquier boca, a pesar de que habíamos probado cualquiereces de todos los colores. Y reímos los dos. Hace cuánto tiempo nuestros labios recogen bocas heridas en el suelo, y las curan, les ponen una curita en el alma para que no lloren. Hace cuánto descreemos del amor por pura convención mundana nomás y vivimos con miedo.

Miedo a querernos y miedo, a quedarnos sin amor, y dejar de andar suspendidos en el aire como dos becasinas en la orilla.

Hace cuánto que no somos más que ojos que buscan y manos que tocan, piernas que caminan, bocas que toman ríos a grandes sorbos...Hace cuánto añoramos el convencimiento o la mediocridad ajena para que valga la pena por ejemplo la televisión.

Hace cuánto esperamos el porvenir con la más desnutrida esperanza...

Vos y yo continuamos la vida como se continúan las malas anécdotas, pendidos continuamente de un hilo que no está enhebrado en ningún sitio...

martes, 1 de septiembre de 2009

Yo también estuve en un poema de Prévert



Anduve leyendo un libro de un poeta jujeño que no conocía. Me lo prestó un amigo, confiado en que me gustaría. Y así fue, claro. El poeta me dejo viajando un largo rato pero me hizo detenerme particularmente en un poema que se llama "Estuve en un poema de Prévert". El poeta se había metido adentro de "Desayuno" de Prévert y había llorado con las manos juntas...
Y yo también, aquella vez que preparamos vos y yo unos mates esa mañanita y entonces me dijiste que me consiga un mate más chico, que para tomar sola ése era demasiado grande....estábamos desayunando una despedida. Y echaste yerba en el mate. Pusiste la bombilla. Sacaste la pava del mate y te fuiste. Así, sin decir adiós. Sin decir hasta pronto. Y yo me cubrí la cara con las manos, y lloré.

Quizás los poetas sean muñecas rusas para meterse uno dentro del otro, o para cubrirse uno a otro con su magia. Alredededor de la literatura están nuestras historias que le dan sentido. Sin nosotros la literatura no vale la pena, la poesía no vale la pena sin nuestras manos que la tocan, la besan, la protegen. Yo también estuve en un poema de Prévert, Aguirre, y en uno tuyo también, quizás nos encontremos allí nuevamente o quizás nos encontremos en viajes posteriores y tristes. Es eso la poesía, una excusa para encontrarnos o para decirnos ¿no?


"Estuve en un poema de Prévert" de Ernesto Aguirre


No dijo adiós, al irse.

Se puso la palabra adiós
como un guante
(un dedo en cada letra)
y desde la puerta
me acarició, sin tocarme.

Y lloré, Jacques.

(Me cubrí
la cara con las manos
y lloré)



"Desayuno" de Jacques Prévert


Echó café
en la taza.
Echó leche
en la taza de café.
Echó azúcar
en el café con leche.
Con la cucharita
lo revolvió.
Y se bebió el café con leche
Y dejó la taza.
Sin hablarme.
Encendió
un cigarrillo.
Hizo aros
con el humo.
Dejó caer la ceniza
en el cenicero.
Sin hablarme
Sin mirarme
Se levantó.
Se puso
el sombrero
Se puso
el impermeable
porque llovía.
Y se marchó.
Bajo la lluvia.
Sin una palabra.
Sin mirarme.
Entonces me cubrí
la cara con las manos
y lloré.


(Y el dibujante Tute, que decía que el desayuno de Prévert venía sin jugo de naranjas! Y si Tute, la naranja es demasiado dulce para un final...)