lunes, 28 de diciembre de 2009

Como sapos

En Federación los sapos se quieren, y no les importa otra cosa que quererse.
Los sapos se aman cada día como el último día, y después salen a cantar en la orilla y a nadar un rato. A mirar el sol que se pone sobre el lago crecido y a comer moscar jugosas y gordas para festejar el fin de año.
Los sapos son felices...y feos y granujientos y tienen miradas frías y no son suaves y la gente a veces les tiene miedo.
A nadie le gusta compartir la pileta con un sapo. Los sacamos del agua y los arrojamos al aire, y hasta es divertido ver, cómo se despatarran en el cielo y caen en cualquier parte del mundo.
Algunos malditos hasta los hacen fumar para que exploten. Algunos les tiran piedras. ¿Por qué? Son tan buenos los sapos. Y les importa tan poco nuestra indiferencia o nuestro maltrato....ellos son felices igual. Para ellos la felicidad es algo establecido, como la vida.
Y se aman entre los pastos, en el agua, dejan sus huevos rosados que contrastan con todo el marrón del barro y de los ríos.
En Federación y en todos lados los sapos se aman. La gente no sé...



...amémonos como los sapos, amémonos y salgamos a cantar después y a mirar el cielo. Amémonos entre las plantas y dejemos pasar el sol bien despacito...
...Como sapos. Verdes. Grises. LLenos de croacraces húmedos. Llovamos. Andemos. Amémonos. Cuidémonos. Hagámonos un uno. Uno solito así, cerca del agua, y vivamos...y vivamos, sí, de esa manera.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Abstracto


Hoy me levanté y la lluvia todavía se sentía en el aire. Cerquita, se escuchaba el río manso y gigante sobre el camino. Respiré hondo. De los árboles colgaban gotas, y andaba una brisa, una brisa rara por el cielo, una brisa fresca y húmeda, contradictoria...
Pensé en vos. Tengo un recuerdo en abstracto. Es así. Una visión borrosa de tu sonrisa que me recorre a veces. A veces, con la noche, con la lluvia, con la soledad o con la risa.
No supe más nada de vos. Nada de vos. Hace días que dejé de encontrarte en la calle Pasco y no sé por dónde andarás. Quizás andarás cerca del río, como yo, preso de ciertas melancolías que trae el fin de año, o quizás andarás envuelto en la ciudad, eufórico, feliz, no sé.
Te quedó al menos un recuerdo de mí. Un pequeño libro para leer. Una flor.
El sol salió apenitas en la siesta y trata de cubrir la galería. La perra acaba de escaparse y enloquecida, pisa los charcos de agua que las baldozas protegen, resguardan de la desaparición...

Hay un viento que mueve las hojas, y las macetas colgantes. Miro el jardín y aparecen el viejo gomero y el banano. Una jugada a la escondida de la infancia. Un piano.
Quiero tomar mate y sentarme a mirar en el escalón, cómo volvió a salir el colibrí para hablar con las flores.
Al menos alguien todavía se encarga de volar entre las flores. Quiero ser un colibrí. Alas de colibrí livianas y solas como canta Silvio. Quiero escuchar a Silvio.
Hace diez años mirábamos la lluvia con el Juanchi acá en la galería, y cómo nos gustaba.
Vuelvo a tu recuerdo en abstracto, es una sutil forma de la felicidad, y el jazmín me hace llegar una invitación, y voy para allá...me voy a quedar ahí, si querés...podés darte una vuelta, si tenés ganas, siempre hay alguna manera de llegar.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Mañana de sábado

Recibí la mañana en Lanús. En el borde de una avenida, esperando un colectivo que jamás pasaría y viendo como los rosados del cielo cambiaban a naranjas, amarillos, violetas. Mirando una pequeña rata que hurgaba entre las basuras (¡cómo me gusta el verbo hurgar!) y mirando la gente que volvía de sus salidas, rota, gente rota, partida al medio, como nosotros de tanto brindar, de tanto bailar, de tanto hablar, de tanto andar por la noche cálida que nos abrazó desnuda.
Recibimos la mañana en Lanús. La estación de trenes estallaba de gente. De panzas, de amigos que vuelven abrazados para avanzar un poco...
Es el clima de las fiestas. Ese mejunje, amalgama de euforia con pena, de euforia con vacío. Indescriptible. Vemos que pasan los años, que pasan los días, y vuelven los fines de años con todas sus celebraciones, sus despedidas, sus juntadas, sus cenas, sus almuerzos, sus llamadas...
Un ciclo saludativo, alegre y a su vez, contradictorio. Por que el año pasa, y el año que viene, aunque si bien parece incierto, vuelve a ser la misma cosa.
Yo no quiero volver a ver lo mismo. Quiero que Buenos Aires se ponga las pilas o se ponga las alas, para quitarnos este deseo de partir todo el tiempo.
Llegué de Lanús a las siete de la mañana y Rogelio ya tomaba mate en la puerta. Arranca temprano la vida de Rogelio che. le digo.
Un hombre de remera azul y de ojos azules estaba parado al lado con unos colchones. Nuevos vecinos para arrancar el año. Buen síntoma.
En mi casa ya no hay nadie. Todos se fueron a Concordia. Estarán al sol mientras yo escribo esto en la soledad sin ruido de mi casa. Escucho la música de Zorba el griego y dejo que una leve alegría me recorra, como si algo fuera a suceder hoy mismo en el mundo.
Tengo que terminar este café e irme a tomar el subte E para trabajar con Nico en los escritos de los chicos del taller...Los ojos no me abren del todo. Tengo un vaso de cerveza en la cabeza y una nube rosada de Lanús que me traje pegada al vestido. Tengo una canción que me persigue todo el tiempo y una humedad que últimamente, se lleva bien conmigo.
Qué se le va a hacer. A veces es inevitable la felicidad.
Cada vez pienso más, que la vida, está terriblemente de mi lado.
"La pura verdad" Paco Urondo
Si ustedes lo permiten,
prefiero seguir viviendo.
Después de todo y de pensarlo bien, no tengo
motivos para quejarme o protestar:
siempre he vivido en la gloria: nada
importante me ha faltado.
Es cierto que nunca quise imposibles; enamorado
de las cosas de este mundo con inconsciencia y dolor y
miedo y apremio.
Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría; tuve
sueños espantosos y buenos amores, ligeros y culpables.
Me avergüenza verme cubierto de pretensiones; una galli-
na torpe,
melancólica, débil, poco interesante,
un abanico de plumas que el viento desprecia,
caminito que el tiempo ha borrado.
Los impulsos mordieron mi juventud y ahora, sin darme
cuenta, voy iniciando
una madurez equilibrada, capaz de enloquecer a cualquiera
o aburrir de golpe.
Mis errores han sido olvidados definitivamente, mi memoria
ha muerto y se queja
con otros dioses varados en el sueño y los malos sentimientos.
El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme, pero
lo he derrotado para siempre; sé que futuro y memo-
ria se vengarán algún día.
Pasaré desapercibido, con falsa humildad, como la Ceni-
cienta, aunque
algunos
me recuerdan con cariño o descubran mi zapatito y tam-
bién vayan muriendo.
No descarto la posibilidad
de la fama y del dinero; las bajas pasiones y la inclemencia.
La crueldad no me asusta y siempre viví
deslumbrado por el puro alcohol, el libro bien escrito, la
carne perfecta.
Suelo confiar en mis fuerzas y en mi salud
y en mi destino y en la buena suerte:
sé que llegaré a ver la revolución, el salto temido
y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra desidia.
Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;
compartir este calor, esta fatalidad que quieta no sirve y se
corrompe.
Puedo hablar y escuchar la luz
y el color de la piel amada y enemiga y cercana.
Tocar el sueño y la impureza,
nacer con cada temblor gastado, en la huída.
Tropiezos heridos de muerte;
esperanza y dolor y cansancio y ganas.
Estar hablando, sostener
esta victoria, este puño; saludar, despedirme.
Sin jactancias puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Un mangangá y el sentido práctico de la palabra según Antú


El feriado del ocho de diciembre nos levantamos temprano y decidimos con Antú ir a caminar a la reserva ecológica y llegar al río. Yo andaba con necesidad de río y de orilla, y no nos importó que la única playa posible fuese una adoquinada.


En el camino, ya en la costanera, se nos cruza un mangangá gigante, que salió de entre las plantas a toda velocidad sobrevolando nuestras cabezas y haciendo círculos en el aire.


-Mirá Antú! un mangangá, un mangangá- le digo


- ¿Qué?- me contesta

- un mangangá!!!!- (no suelo ver mangangases en buenos aires por eso me alteré tanto)


Y él me contesta. -Mamá, ¿por qué seguís hablando como en Concordia si hace tiempo que vivís en Buenos Aires?. Acá es abejorro!!!!-


Y yo le digo: -Antú, yo aprendí a hablar de una manera y no me parece que tenga que cambiarla por vivir en otro lugar. Además la palabra mangangá es guaraní, y es más linda que la palabra abejorro-


Y Antú, me dice, bien serio, casi enojado. -Pero mamá, pensá, la palabra "abejorro" tiene un sentido, es una abeja, pero grande, o gorda, un abejorro. En cambio mangangá ¿qué sentido tiene?-


(No sé. Un sentido estético para mí, o de pertenencia a cierta región, no sé)


Y entonces vuelve a su clase de doctorado y me dice otra vez: -Pensá, por ejemplo, colibrí y picaflor. Colibrí es más linda, pero picaflor también tiene un sentido. Si pica una flor, es porque tiene pico, es un pájaro. En cambio ¿colibrí?-


Para Antú el lenguaje no es tan arbitrario. Le dio un giro a la esperanza. A la frustración colectiva de que las cosas se llaman porque a alguien se le canto alguna vez que se llamen.


Como a mí a veces se me canta nombrar las cosas como me da la gana.


El mangangá desapareció volando sobre las barandas. Una paloma picoteaba un resto de chorizo. La siesta se nos venía encima con toda su rabia.


Y yo me quedé pensando en las palabras, en una larga cadena de palabras en la que con Antú nos hamacamos hasta marearnos...






miércoles, 16 de diciembre de 2009

y en el sitio ése anda siempre la ternura....


Con el Gusta decíamos que no se podía escribir nada bueno si se estaba enamorado.

Que lo que nos podía salir bien, que valiera la pena, surgía de momentos de tristeza, de penita, de desesperada soledad.

Pero el Gusta y yo jamás andábamos en soledad. Y jamás dejábamos de andar enamorados. No concibíamos la vida sin amor y entonces, siempre íbamos a estar escribiendo cosas horribles.

Era modesta nuestra teoría. Jamás llegaríamos a escribir algo bueno si seguíamos como diría Gelman, siempre trayendo noticias del amor.

-"¿A qué apostamos, ceci? ¿A qué? ¿A la literatura o a la ternura? ¿En qué punto pueden coincidir sin rozar las cursilerías siniestras? ¿Para dónde vamos?"-
El tiempo nos separó un poco. De esas épocas en que vivíamos poetizando, tomando mate con lavanda picada, tomando vino hasta que venga el alba, ya no queda nada.

Buenos Aires nos hizo otra cosa. Nos rehizo de otro modo. El gusta trabajó en un kiosco. Conoció mujeres, conoció lugares y el andar enamorado ya era una circunstancia a la que no le dábamos tal importancia como para que creara un debate en nuestra vida. Y después se fue.
El tiempo nos separó.
Un poco nomás.
Porque me lo encontré hace un mes en el encuentro de murgas y nos reconocimos. Él, como siempre, de la mano del amor, y yo, en alguna pasajera soledad.
Nos reconocimos. Casi hermanos somos con El gusta. Nos separa un cachito la distancia, pero el alma, yo sé, la tenemos repartida, un poquito para cada uno.


Se caen todos los soles del otoño
entre las plantas del zapallo/
y en el sitio ése
anda siempre
la ternura (que)
arde/ bochornosa y enfadada/
El tocarse con otro cuerpo el fondo
es el juego que nos une a todos/
La timidez trae muchos espacios de imitación/
Arcos que vibran en el sentido
mientras nos agarramos como a un cable
de 360° y nos electrocutamos.../
Es bueno saber que en el habernos
quedado pegados existe el sentido
de la familia de palabras/
que dice:
seguir el camino/ cualquier
camino que tome el corazón/
el alma.
(él puso las palabras, yo las hice bailar, y ahora que las leo de vuelta, veo algún intertexto con alguna canción de La Renga no? Pucha, maldito rocanrol, maldita teoría literaria...)

martes, 15 de diciembre de 2009

La pileta zombie (una historia de horror)



Hoy hablé con Tere para ver en qué andaban sus cosas allá en Concordia y para arreglar qué hacemos la semana que viene que voy para allá a quedarme unos cuántos días. Qué vamos a hacer sin playa pensamos las dos. Adónde vamos a ir estas tardecitas que vienen si no tenemos la playa, ni la costanera para ir a tomar unas cervezas. No sé. Qué triste va a estar el río tan alto, che.

Entonces le digo, rememorando viejas épocas, de ir a la pileta de su casa, al lado del limonero, y escuchar El otro yo y alegría alegría como en la secundaria.

Y Tere me dice que sí. Que ahora no hay problema. Pero si hubiera sido hace unos días, sí los hubiera habido. Lo que pasó fue verídico, me lo contó Tere y sucedió en su propia casa en la calle Federación.

Parece que con las recurrentes lluvias y humedades de Concordia, la tierra que bordea la pileta se ablandó, se puso frágil a todo removimiento, fértil a más no poder. Y la pileta, que sentía que esas cadenas que la ataban a ella, a la tierra, estaban rotas, sufrió en todo su cuerpo la necesidad de la libertad.

Sacó un pedazo primero, después otro, y otro, y al final, se desenterró...feliz estaba!!! Agitando la bandera de la euforia después de años abajo del suelo mirando siempre la misma porción de cielo.Era un muerto que había vuelto a la vida, y se estaba yendo para la avenida San Lorenzo a tomar un flechabús para la capital cuando Tere la vio.

Numerosos vecinos tuvieron que ayudarla a capturar la pileta. Que estaba loca de ira de sólo pensar en volver a un jardín entre cuatro paredes. (por más que iba a extrañar un poco al limonero, que tan bien la atendía.)

Y así, entre vecino, cuerdas, disparos, capturaron a la pileta y la devolvieron a su lugar establecido. ¡Pobrecita que sólo pudo gozar unos minutos de la libertad!

Ahora no sé. Tengo miedo de que nos muerda si nos metemos dentro de ella este verano. O nos cierre los brazos tan fuertemente hasta asfixiarnos o no sé... Voy a decirle a Tere que mejor vayamos a la pelopincho de la Espe, que no tiene ningún resentimiento con su lugar en el mundo, ni ninguna aspiración de pájaro.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Wilde en Monserrat


"Lo menos frecuente en este mundo es vivir.
La mayoría de la gente existe, eso es todo."
Oscar Wilde
Si Oscar Wilde viviera, si viviera entre nosotros todavía, se habría comprado la Botica del Ángel de Bergara Leumann que seguramente hubiera sido su amigo y allí viviría, feliz, entre angelitos y estatuas de mármol en pleno barrio de Monserrat.
Estaría tan contento de estar a tan pocas cuadras del Congreso para marchar henchido de orgullo todos los noviembres en la carroza del suplemento Soy, con luces y plumas, con Noy, Ferrari y Sancinetto.
Adornaría su cuarto con ojos de pavo real. Con almohadones de leopardo. Con pelos de gato de angora en tonos rosados...
Bailaría en el programa de Tinelli y se disputaría el personaje de turno junto con Ricardo Fort y demás víctimas de la exposición mediática. Afirmaría todavía que no vale la pena hablar del mundo sino del arte, que lo que se ve ¿para qué contarlo si lo estamos viendo todo el tiempo?
Sabría de sobra que es la sociedad la que te sube y te baja el ego hasta rozarte con la muerte...
Si Oscar Wilde viviera. Lo cruzaría cada mañana con un perro salchicha atigrado y un girasol en la mano como solía llevar. Riéndose a carcajadas, cubierto de terciopelo, con manchas de Bloody Mary en el sombrero.
Si Wilde viviera, si hubiera podido volar entre los siglos y llegar a Buenos Aires, si estuviera con nosotros, al menos nadie lo encarcelaría por amar libremente, sin ninguna restricción, por amar sin límite, sin mesura, sin razón, por amar tanto tanto tanto hasta la ruina.

viernes, 11 de diciembre de 2009

No sirven los planes




Y venía con el papelito arrugado dispuesto a dártelo pero te vi de lejos. Te me fuiste otra vez. y no me importó...porque soplaba una brisa que hacía que las cosas valieran la pena y disfruté del almuerzo y hasta me hicieron lindos regalos que no esperaba y Volví caminando por once lleno de gente, que no me dejaba avanzar (y no me importó). No me importó volver caminando a uno por hora desde Corrientes y Pueyrredón hasta Moreno. Ni los colectivos que me bañaron en humo gris, ni las bocinas, ni los vendedores que me gritaban al oído que elija una faja o un reloj. No me importaba... Porque como ya te dije, soplaba una brisa que hacía que las cosas valieran la pena. Y en mi casa me esperaba un árbol de navidad hecho de caramelos. Y un mate rico para estudiar en la siesta y además, te vi de lejos, me guardé el papelito arrugado, y me dije, está bien, otra vez será. ¿Cuál es el sentido de la prisa? Siempre sé adónde ir a buscarte.


"Proclama" de Reynaldo Sietecase

Vamos a pedirles documentos a los policías
Voto de pobreza a los presidentes
Arrepentimiento público a las virgenes
Sensatez a los conductores de la tele


Vamos a quitarles vanidad a los ricos
Hambre a los desesperados
Temor a los diferentes
Ingratitud a los embajadores


Vamos a reclamarles
Piedad a los asesinos
Memoria a los olvidados
Dulzura a los tristes

Pediremos lo imposible y más
Que dios no se convierta en bandera de la muerte
Que nadie disfrute lo que no necesita

Y que me ames
Y que me ames
Ya que estamos pidiendo


miércoles, 9 de diciembre de 2009

Ahora sí


"Ahí, debajo de la tierra,
no estas dormido,
hermano, compañero.
Tu corazón oye brotar la primavera
que, como tú,
soplando irán los vientos." (Victor Jara)
Ahora sí, Jara, treinta y seis años después, descansá en paz, descansá un ratito, dejate de vivir tanto, y descansá. Dejate descansar. Dejá la guitarra a un lado y dormí un rato.
Debe haber sido agotador andar andando tanto...y seguir andando, y seguir andando...

Apariciones

Es tempranísimo de una mañana de viernes sobre Buenos Aires, y Marta, que ha venido de visita desde Concordia me cuenta que anoche no pudo dormir. Que un perro gigante y peludo se le apareció en mi cama, y que ella intentaba gritar y no podía. Que la llamaba a Inés y nadie la escuchaba. Y el perro gigante y peludo estaba ahí, mirándola.
Entonces no me queda remedio que contarle que una noche de viernes en que el viento golpeaba las ventanas del departamento, hacía volar los papeles y sonar los llamadores, me levanté en medio de la oscuridad y una vieja flaca, de canosísimo pelo blanco estaba sentada al lado de mi cama, mirándome. Yo cerraba los ojos, y volvía a abrirlos y la vieja seguía ahí. Con la mano en su pera, como sosteniéndole la cabeza, mirándome. Con su pelo largo, lacio, blanco como la luna.
Y Marta me cuenta que cuando era chica, allá en Corrientes, iba de la mano con dos de sus hermanos menores por el campo, bajo el sol dorado de la siesta y vieron un hombre muerto. Un hombre moreno, de traje blanco, blanquísimo, apuñalado, manchado de sangre en toda su pureza. Y que desde ese día, hace tantísimos años, el hombre de traje blanco apuñalado, se le aparece a veces, con un gesto amable y se quita el sombrero y se queja del calor del litoral.
Nunca jamás se olvida de ese hombre.
Y así vamos, cruzando historias que apenas rozan el mundo conocido, y entonces, me dice, que ella tenía doce años cuando murió su padre. Un mozo de campo, de andar a caballo de día y de noche. Y que una tarde,unos meses después, estaba sentada en el comedor de su casa, y lo vio pasar, a caballo, veloz como una estrella fugaz y brillante, a toda velocidad de la habitación a la cocina... y fue la última vez que vio a su padre.
Yo le creo. Así como ella me creyó. Y tomamos mate toda la mañana mientras el sol se mete por el balcón haciendo brillar la casa, los lugares donde sigue posándose la magia. El aire, la tierra, el agua. Partículas de un poco de miedo, que no podemos explicar.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Inolvidable



Recordaré enviarte otro abrazo volante, por si te quedás sin, por si andás solo, o andás triste, o andás lejos.

En un rato, voy a salir al balcón, voy a recortar un pedacito de la red protectora y te lo voy a mandar. Le voy a dar cuerda un ratito, para que vuele mucho, para que te busque, donde sea que estés, y te encuentre, y te apriete con fuerza y con ternura y te diga, que viene viajando hace horas bajo la lluvia, que le cebes unos mates, que me pienses.

Es que hace mucho que no te me aparecías en forma de recuerdo.

Hace mucho que no sonrío pensando en tus ojos. En la manera en que caminamos un día de la mano. En esa copa de vino en un restaurante del centro mirándonos fijo. En ese disco de Compay en la mañanita fría de agosto con café y mermelada. En ese libro de Gelman que se fue en tus brazos.


Recordaré enviarte otro abrazo volante, por si te quedás sin. Por si andás con alguien, o andás feliz, o andás cerca.

Voy a salir a la puerta. Le voy a poner ruedas, para que te busque donde estés, y te diga que hace horas que anda rodando, que le convides un mate, que pienses en mí.

Hace bastante que no te me aparecías.
Y hoy te pensé.
Me encanta y me asusta cuando me abruman esos pensamientos antiguos, esos besos tan lindos y tan largos, aquella única siesta porteña, inolvidable, que vivió lo que una mariposa.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Olfatos


Hoy en el Pago fácil había olor a esencia de vainilla. Fuertísimo. Tan rico. Tan tan rico. Si cerraba los ojos volvía a la cocina de mi abuela en Concordia. A la torta marmolada, al té con leche. A los ladridos de las perras en la galería. Si los abría, estaba en el Pago fácil de Paraná Y Córdoba en kilómetrica pero paciente cola...


Hoy en el edificio de aguas argentinas había olor a pasto recién cortado. Y a barro. Si cerraba los ojos estaba en el río allá en Concordia, preparando el mate, parando al churrero para comprar esas cosas con grasa que tanto nos gustan... si los abría, volvía a esperar que llamen mi número para pagar la boleta...


Hoy en El gato Negro, el café sobre Corrientes, había olor a canela. Mucho olor a canela que se bebía del aire como un suspiro. Si cerraba los ojos estaba volviendo una madrugada de Pampa y la vía en moto con Mariano Beitía con el olor a canela y a lluvia por la carretera Urquiza. Y las pequeñas gotas que nos pegaban en la cara. Y el aire tan limpio y tan rosado... Si los abría, estaba otra vez pasando por la puerta de un café de buenos aires lleno de gente que desayuna grises.


(No me cabe la menor duda, en cualquier leve olor del mundo, por pequeño que sea, está toda todísima nuestra vida.)

lunes, 30 de noviembre de 2009

Insomnio


No puedo dormir.
La culpa es de la nueva vecina, seguro. LLega de trabajar a las doce de la noche y prende la luz de su cocina. Su cocina que está justo enfrente de mi cuarto de persianas abiertas. (No soporto las persianas cerradas ni las ventanas cerradas). Entonces la luz de la cocina de enfrente se enciende a las doce, y no es una luz cualquiera, es una luz blanca de quirófano que ilumina toda la cuadra y el patiecito de Víctor allá abajo. Y la vecina, que estuvo trabajando toda la tarde, llega a su casa con ánimo de cena buena. De carne al horno con papas, de lechón asado en papiñas con salsa de mucho tiempo, y ahí está. Hasta la madrugada, vigilando el horno con su luz de quirófano y la radio encendida. Y yo también. Con ella.
Encima, el basurero pasa después de la una. La cuca, con los basureros que parece que cargaran palas y fueran raspando toda la extensión de la calle sarandí. Y trash trash los basureros que remontan la calle trepados al camión que gruñe...(grrrrrrrrrrrrr soy el camión basurativo grrrrrrrrr...como basura..............más dame más....)
Y no falta el vecino que trasnocha con la televisión encendida a todo volumen. El gurisito que llora toda la noche, y el gato en celo que se disputa tu sueñero entre tanto griterío lascivo.
Pero lo lindo es resignarse al insomnio. Salir al balcón y quedarse en soledad entre tanto violeta, y tantas pequeñas luces sonámbulas. Luces de colores que alumbran los balcones de los que no duermen. Lejos, lejos las luces de ese puente que une los edificios gigantescos de puerto madero. La cúpula del congreso con sus lucecitas que formas círculos y bailan. La casa que tiene ventanas de todos los azules. Los chiquitos que corren aunque sean las dos de la mañana, corren porque el verano trae otros horarios a la cena. El telo que se mueve como si no existiera un momento de calma en todos los minutos que tiene el día...
Empiezo diciembre, así, despiertísima. Hace rato que se me fue noviembre con toda su magia. Diciembre. Primero de diciembre, el día mundial de la lucha contra el sida...¿cuántos estarán despiertos como yo pero presos de la desesperación? ¿cuántos no podrán dormir de miedo o de tristeza? ¿cuántos no pegarán un ojo de dolor?
Al final tengo suerte de tener un simple desvelo y nada más.
Me preparo un café sentada en el balcón y oigo los murmullos que llenan el aire. Que hacen renacer la noche, que la llenan de voces y de arrullos. De canciones que buscan un oído despierto para tanta belleza.
Hoy hubo tanto sol que no sé si fue cierto. Te encontré entre las frutas de la verdulería. Y me sonreiste. Y te sonreí. Y qué lindo diciembre otra vez...y qué bueno por fin, haberte hablado.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Juanele se acercó volando

No sé de dónde es que habrá salido esta tarde. De dónde vino con su silencio de oruga.
Pero se vino volando, como Neruda.
No vino nadando este soñador de río... se vino volando entre las nubes rosadas de la tardecita para cebarme unos mates...
...Y ahí, estaba, fantasmita flaco entre los edificios de Buenos Aires, mirando el cielo como extasiado. Como desnudo.
Y yo ví, las escamas en su espalda, y ví sus bronquios respirando el humo tan porteño como necesario.
Y él apenas habló. Se dejó mecer por la brisa como una pluma delgada, se dejó bailar por la brisa como un delicado arrollo de ternura.
Y estaba ahí. Más vivo que nadie. Más vivo que yo y mi cansancio de gran ciudad.
(Quizás se había escapado de las inundaciones por allá por mis pagos para venir a saludarme, para venir volando a contarme cosas, a dejarme con el mundo lleno de colores. A transformarme en alguacil para predecir la lluvia.)
Hoy Juanele se vino volando.
Puso la pava al fuego y me miró profundo. Se metió en mi cuerpo con toda su poesía y me dejó sangrando, sangrando agua, como una grieta en el baño...

"No, no es posible" Juan L. Ortiz

No, no es posible.
Hermanos nuestros tiritan aquí, cerca, bajo la lluvia.

¡Fuera la delicia del fuego, con Proust entre las manos,
y el paisaje alejado como una melodía
bajo la llovizna
en el atardecer perdido del campo!

Fuera, fuera, Brahms flotando sobre los campos!

No, la muerte mágica de la música,
ni la turbadora sutileza,
mientras bajo la lluvia
hombres sin techo y sin pan
parados en los campos,
vacilan al entrar a la noche mojada!

miércoles, 25 de noviembre de 2009

no sé para qué volviste...



hoy hay una mala humedad en el ambiente. sí. una humedad maligna. que llena de vapor el aire y hace que te sientas en un sauna continuo. un sauna solitario y ruidoso. imaginate. vas desnudo con una toalla cubriéndote el torso atravesando la manifestación que hay hoy en el congreso. vas desnudo con una toalla cubriéndote el torso al trabajo, al taller, a la puerta del colegio al que va tu hijo...

hay una humedad violenta en la ciudad, una humedad de pocos amigos.

y en la heladera mía lo único que hay para tomar es una botella de dos litros y medio de coca light que sobró de mi cumpleaños, y sólo queda medio litro sin gas distribuido en semejante botella. Pero está fría. Y lo que está frío sabe tan rico esta siesta gris y calurosa...

solito está el mate en un rincón

el café abandonado del invierno.

me propongo pensar un trabajo sobre la cosmovisión indígena, la memoria y el punto de vista

pero la humedá. la humedá me dice que no le gusta estar sola. que le haga compañía. y
destapa una cerveza y escuchamos "dramática" de dani umpi mientras pasan los autos, las bocinas, los electrodomésticos cansados de buenos aires...

y pienso en el río. el río que en este momento está tapando un gran pedazo de mi ciudad en entre ríos. el río que no le importa nada y trae en su intestino todas las humedades posibles y los pájaros y los peces marrones...

y estoy en el río uruguay...escuchando a umpi cantar la "zamba para olvidarte", estoy tomando esta cerveza en la orilla con esta misma humedad gorda gorda gorda como una perra preñada, gorda como un corazón...y nadie se está yendo con su casa tapada por el agua, y nadie está dejando su casa como una isla en el mundo inundado y con desesperación...

tomo este trago de cerveza y escucho "como eu quero" y miro el cielo que aguanta, que aguanta, que no tiene ganas de llover todavía, y pasan las nubes grises que tienen ya olor a lluvia pero que no llueven, que aguantan, que andan andando por el cielo, como yo, que viajo, que vuelvo, que tendría que pensar en otras cosas, pero no puedo.

martes, 24 de noviembre de 2009

Te dije andate


Te dije que te vayas sin que me importara la tormenta. Sin que me importara que te mojes, bajo esa lluvia intensísima ese sábado a mediodía.
Realmente,
no me importaba.
Ni que te fueras,
ni que te mojaras, ni que me llamaras llorando de un locutorio frente al congreso diciéndomé que es verdad, que no podés estar sin mí.
Uno cree que no puede estar sin alguien hasta que lo intenta, y ve, que la soledad no siempre es difícil ni nostálgica. La soledad puede ser maravillosa cuando uno no puede acostumbrarse a que lo traten mal.
No sé por qué uno se banca cualquier cosa del amor. Como si amar implicara también perdonar lo que sea, sin importar el grado de intensidad o de locura que tenga.
Sucede que ya me cansé de las historias de amor locas, y de fracasar en los intentos del amor terrestre.
No tiene tanto sentido tu vida cuando venís tropezando y tropezando,
y Buenos Aires es tan gris para andar triste...
Puf...Buenos Aires es para andar corriendo con auriculares y que se te vuele el pelo con el viento. O para estar abrazado a alguien caminando por el Parque Lezama o por la costanera...
A Buenos Aires no le queda bien la melancolía.
Para esos sentimientos están las ciudades pequeñas, las ciudades con plaza en el centro en donde Don Hugo recuerda lo bueno que fue el pasado.
La melancolía es una sensación hermosa en las calles angostas,
en las playas vacías...no entre los autos que se amullonan a montones, los colectivos que trinan, los perros que ladran del encierro, los porteros que lavan...
En Buenos Aires no hay espacio para la melancolía...hay demasiados sentimientos más fuertes como la bronca, o la pasión pululando por el aire...
La ternura apenas cabe en una ciudad hecha para superpoderes.
La nostalgia, sin embargo, a veces, pide permiso para entrar y entra, y se apodera de uno en la parada del 84 y la calle venezuela entera se viste de otoño.
La nostalgia porteña es de otoño, a veces, de invierno.
Jamás una nostalgia primaveral aparece en la parada del 84.
Hace unos meses nos habíamos abrazado en la puerta de la comisaría y nos habían echado.
Nos dijeron que esas cosas no se podían hacer ahí, en la vía pública, y mucho menos en la estación central de policía.
Parece que en Buenos Aires los policías no se abrazan.
Está prohibido que se abracen los policían
en Buenos Aires.
Pensamos los dos.
Pero bueno, esa anécdota es de cuando nosotros dos todavía nos abrazábamos y los dos sentíamos aún en la piel que el uno estaba hecho para el otro...
Mirá cómo son las cosas, con todas las personas con las que mantuve una relación hemos pensado que somos el uno para el otro.
Uno se adelanta a creer en el amor como si fuera sincero siempre.
¿Por qué el amor no puede ser hipócrita?
¿No tiene el mejor sentimiento del mundo derecho a confundirse?
¿Derecho a acostarse con alguien sólo para pasar el rato?
¿Derecho a cambiar de sexo sin que se lo discrimine?
¿Derecho a pagar una puta?¿A despotricar contra las religiones?
¿A hablar de política y malas costumbres?
¿No tiene el amor derecho de tirarse un pedo en la clase de yoga?
¿De caerse de la escalera de tanto whiscola?
¿De reprobar el exámen de educación cívica?
¿De mirar el programa de Tinelli?
¿No tiene el amor que bajar de ese pedestal en que se lo coloca para afrontar que es complicadísimo amar a alguien hasta que la muerte nos separe?
¿No debería asumir que a las personas ya hace bastante que les viene faltando su inyección de nervios?
Te dije andate.
Y nunca más volví a extrañarte.
Habíamos estirado tanto nuestra historia, que el momento en que dijéramos basta iba a ser para tomar otros caminos.
Habíamos ido y vuelto. Vuelto e ido nuevamente.
Habíamos rebuscado las posibilidades del encuentro, y las del desencuentro.
Habíamos encontrado problemas y soluciones en donde no había soluciones ni problemas.
Te dije andate.
Te dije andate, y hasta me dio placer verte tiritando como un animal mojado, temblando, en la vidriera de esa mercería, rodeado de medias de lycra, de camisetas, de bombachas...
Me hizo bien dejarte, así, ahí, temblando y entrar a casa.
Y abrir la ducha, y meterme debajo de ese agua tibia mientras pensaba, me animé, te dejé, me animé y te dejé temblando y solo bajo la lluvia de Buenos Aires,
la lluvia triste de las grandes ciudades,
que pliquitea sobre las chapas de los supermercados chinos,
de los restaurantes, de las estaciones de servicio, de los colectivos...
Te dejé solo en la inmensidad de Buenos Aires, solo en el barrio de congreso mientras la ducha me acaricia, vos, solo en un sábado gris,
solo entre el goteo incesante,
solo llorando y yo
ahí.
Mi cabeza viaja.
Y recuerda.
Antes solíamos volar sobre Buenos Aires,
saltar de techo en techo como los gatos.
Solíamos transformarnos en perros y salir a oler culos por las calles anchas,
por la avenida belgrano llenándonos de barro,
y de hojas y de amigos.
Solíamos volar hasta la punta del congreso, y disputarnos cuerpo a cuerpo con los gorriones.
Solíamos conversar con la estatua de Balbín en la plaza, leernos poesía y tomar vasos y vasos de vino hasta agotar a Gelman o a Boccanera.
Antes nos gustaba querernos de una manera feliz.
Ambos sabíamos cómo era el gusto de la desilusión,
por eso nos unimos en ese viaje romántico y etéreo
que no tuvo ningún desenlace tibio.
A vos te costaba arrancar, y te dije dejá todo. Dejá todo, yo muero por vos, pero ahora
andate.
El amor dura lo que un orgasmo.
Y la vida es apenas una mirada forzosamente exagerada del amor
o, en el peor de los casos, una noche de sexo desenfrenado
sin que ni siquiera te pidan el teléfono...
La primer noche que salimos juntos
me dijiste que no tomabas alcohol.
Salimos tarde un lunes
y lo único abierto que había era un pool
oscuro y cumbianchero,
con un hombre gigante y tatuado
y gesticuloso y violento como vos.
Nos gustó el lugar.
Nos gustó la cerveza.
Terminamos en una plaza cerrada por el gobierno de turno
mientras nuestras sombras hacían el amor con otras
que sobrevolaban por ahí.
Esa noche éramos otro tipo de personas.
Las personas que recién se conocen suelen tener otros comportamientos más dinámicos.
Nosotros nunca fuimos portadores
de bocas quietas,
pero ese lunes las palabras fluían en formas deliciosas
como si cada quien se hubiera preparado un discurso poético acerca
de la vida y otros componentes.
Toda la gente se enamora de la gente que habla enamorada de la vida.
Ésos éramos nosotros. Dos ahí entre los árboles.
Dos fanáticos de la existencia que se creían iguales por haber
congeniado en un chamuyo excelente para cualquier ávido lector de poemas
o de novelas o de cuentos.

Ahí estábamos nosotros.

Encantadores del mundo que complotaba para que la noche
durara toda la vida,
o para que la vida durara apenas una noche...

sábado, 21 de noviembre de 2009

Cuando nos queremos compartimos el mundo...




...y encima de todo, el mundo, se nos comparte,
por generosidad, o por cariño, vaya uno a saber,
pero el mundo jamás pide nada nadita a cambio.

martes, 17 de noviembre de 2009

" Y mi tonto corazón, late a tiempo de camión...."




Anduvimos desde el jueves andando por entre las murgas que pasaron por Concordia y por Salto el fin de semana. Muchísimas muchísimas murgas y mucha gente feliz deambulando con el mate, y la cerveza, y la reposera, y los amores...
Hubo lugar para los amigos, para la lluvia, para los borrachos, para la alegría, para el desconcierto y el enojo. Para la rebatiña de hielos y las conservadoras con fernet.
Para saltar y gritar lo que nos molesta.
Para saltar y gritar los que nos abriga, y nos quiere y nos arrulla.
Hubo lugar para los chivitos, para la cerveza, para el choripán y para el reencuentro. Para el chusmerío barato y para el chusmerío con onda. Ese que importa. Ese que nos cuenta de la vida del otro, pero porque el otro se quiere, y se cuida.
(Hubo relámpagos y truenos luminosos. Murgas conocidas y desconocidas.
Hubo hits murgueros para levantar el ánimo y algo de rocanrol y algo de ruido.
y hubo Tururú tinto band para revivir algunos años maravillosos.)
Andaban muchos con ganas de risa. De abrazo. De fiesta.
Y andábamos nosotros. Reencontrados ahí. Porque siempre, siempre la murga nos unió de una manera mágica. Nos mostró un universo ahí donde pensábamos que ya habíamos visto mucho.
Nos gritó en el oído para que despertemos, para que miremos eufóricamente más profundo.
Porque se puede cantando hacer del mundo un lugar más justo. Y se puede cantando intentar que lo cambiemos juntos a este pedazo de tierra adolorido. Cantando así, como canta el murguero, con esa energía que sale de no sé qué lugar indescriptible y te llena el corazón y te llena el alma.
Ahí andábamos todos. Con el río cerca, con la lluvia incipiente todo el tiempo, y la humedad de cientos por ciento, y la cerveza helada, y los sudores de bailantes que viajaban por el aire.
Ahí andábamos y nadie pero nadie se quedaba quieto.
Nadie estaba inmóvil, porque esa música aunque sea los dedos te hace bailar, aunque sea las uñas te llena de magia...

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Miércoles de mañana


Son las nueve de la mañana. Acabo de volver del supermercado.¿Vieron qué bueno es ir al supermercado a las ocho y media de la mañana? No hay nadie. Nadie pero nadie. El acomodador de la verdura acomoda desganadamente la verdura, la cajera toma el mate cocido apoyada en la caja, y la música, siempre siempre es esa canción de John Lennon que se llama "Woman" creo, que es tan tan pero tan de supermercado...´

Y volvía, y adelante mío venía una chica joven joven empujando una silla de ruedas con un chiquito, un gurisito mirante, que no podía sostener la cabeza, y entonces la cabeza del niño miraba y se caía para un costado y la joven le acomodaba la cabeza y seguía caminando, contenta, de que el sol brillara como lo hace hoy, con una sonrisa enorme. Y tenía el pelo largo, y brillante y pesado. Y el pelo le bailaba con la brisa y el niño dejaba caer su cabeza otra vez mirando el pajarito, o el gato de la gomería, o las hojas de los árboles. Y la mujer pelo sonrisa sirena acomodaba la cabeza caída del niño y la silla de ruedas avanzaba, como una música que cubría la mañanita. Y yo sonreí también. Y el niñito pequeño me miró con sus ojos negros, los mismos ojos de la madre...

Y recordé. Anoche soñé con vos. Nos encontrábamos en un viaje, en una estación de servicio. Los dos trabajabámos en algunos de esos proyectos complicados que son parte de los sueños y me diste una carta. La abri, y eran dibujos tuyos, y palabras, muchísimas palabras bonitas que me habías escrito. Y después me dijiste que no me lo habías dicho antes porque el trabajo no te dejaba andar de a dos.

Y nos fuimos juntos por ahí. Seguimos el camino juntos. Vos tenías un pullover marrón con una guarda. El mismo que tenías la vez que te vi atravesando la plaza Primero de Mayo un viernes a mediodía.

Pero volviendo, volviendo a hoy, hay un sol gigantesco que se mete en todas las hendiduras de la casa y la llena de alegría. Humea el mate y pienso, que ayer no tomé mate en todo el día, que hoy entonces va a estar tan tan rico como el sol.

Y tampoco andarán los subtes hoy. Y la gente se quejará de lo que va a tardar, de lo que va a gastar, de lo que va a seguir quejandose todo el día, porque encima se avecina un miércoles de tanto calor.

Y seguro muchas cosas andarán mal. Pero el sol hoy brilla como nunca, y esa mujer con el pelo que bailaba existe, y anoche soñé con vos, y hoy me voy al encuentro de murgas en concordia, y al río. Y tengo el mate preparado, y Nico está viniendo para que organicemos juegos para el taller de la noche. Y estoy escuchando a Fernando Cabrera que envuelve todo el aire... ¿De qué me puedo quejar?

domingo, 8 de noviembre de 2009

"Ninguna revolución es posible si no podemos ser, vivir y amar de acuerdo con nuestro deseo y en plena libertad"

Ayer 7 de noviembre fui, como hace varios años ya, a la marcha del orgullo gay en Buenos Aires. Fui, porque creo que es necesario que todos apoyemos sus derechos, porque los derechos deben ser para todos, todísimos sin importar cual sea la elección de vida o de amor que tome cada uno.
Creo que más de uno piensa como yo, porque ayer la marcha estallaba de gente, y no de gente solo, sino de gente feliz. Gente que bailaba y cantaba y se abrazaba y lloraba también en algunos ratos.
Tomamos cerveza, escuchamos música, bailamos y nos reímos porque el clima que se vive ahí es clima de fiesta. Nadie te mira con ningún ojo amenazante, nadie te pide que te retractes ni que des explicaciones. Es una alegría que lucha, que anda, que mueve la marcha del orgullo en Buenos Aires.
Hay muchas personas que luchan así, cantando, bailando. Que piden por ejemplo que dejen de una vez de asesinar travestis en el país, que no por nada el promedio de vida de un travesti en la argentina es de treinta y dos años. ¿No se merecen ellos que luchemos?¿No se merecen luchar para dejar de ser olvidados y desaparecidos en plena democracia?
Yo no sé. Hay muchas cosas por las que está bien visto luchar y otras no tanto. ¿Otras no son tan publicitarias o tan revolucionarias?
¿Por qué a la marcha del 24 vamos todos sin ser hijos de desaparecidos? ¿Por qué vamos a las marchas campesinas, o a las marchas del movimiento indígena y no vamos a la marcha del orgullo porque no somos gays?
Es hora de terminar con el prejuicio y tomar la calle por asalto, como lo dijo Marta Dillon, una periodista o escritora que no conozco, pero que escribió este artículo maravilloso hoy en el diario Página 12.




La calle por asalto

Por Marta Dillon
Es justo y necesario tomar la calle por asalto, porque sólo desde la calle es posible adueñarse del cielo mismo. Es justo y necesario poner el cuerpo y la voz ahí donde es imposible esquivarlo o silenciarla para que los reclamos, las luchas y las alegrías adquieran una forma nueva, colectiva, poderosa. Es justo y necesario saber que en el camino no se está sola ni solo, que es posible ir por más, que en la suma de la voluntades la corriente puede ser arrasadora aun cuando el tiempo no siempre esté a favor de los que luchan –según la frase convertida en consigna– y lleve una vida entera dar el primer paso, anotar el primer logro, plantar la primera bandera. De eso se trata marchar, de ponerse en movimiento en un acto codo a codo, para que el dolor que a veces puede ser una piedra en el pecho no se convierta en impotencia sino en el motor que anima los pasos, como sucede, por ejemplo, cuando son cientos de miles quienes marchan un 24 de marzo. Esos ríos de personas pudieron, con su presencia año a año, cambiar la historia del país, revertir las vergüenzas nacionales como el indulto o las leyes de impunidad a pesar de que ahora mismo el nombre de Julio López oscurezca cada uno de esos logros. ¿Pero como soportar incluso eso si no marchamos?
De transformar la impotencia en acción y la acción en alegría; de eso se trata marchar. De sacar a la calle la materia prima y el arte con el que puede trasformarse el destino. Y de todo esto, por supuesto, se trata la Marcha del Orgullo: tomamos la calle para oponer, justamente, orgullo a la homofobia, la transfobia, la lesbofobia, todas formas del miedo convertido en violencia. Nos hacemos visibles, nosotras y nosotros, nuestras familias, nuestros hijos y nuestras hijas, amigos y amigas, compañeros y compañeras, para que sea imposible esquivar este abanico de posibilidades que se despliega más allá del cuerpo, más allá de la imposición de una supuesta normalidad que no es más que dominación y falta de libertad. Estamos ahí, en el lugar donde se forja la historia, entre Plaza de Mayo y Congreso, porque decir nosotros y nosotras aun sabiendo que el colectivo que se pretende nombrar es inabarcable en su diversidad es una manera de hacer política y de exigir, a la vez, que la política formal deje de mirar para otro lado. Queda muchísimo camino por recorrer. Todavía sobrevive el sabor amargo del último debate en la Cámara de Diputados en torno del matrimonio sin restricción de sexos, en el que se habilitaron voces que con extrema violencia usaron argumentos propios de la Inquisición. ¿Por qué hay que escuchar de igual a igual a quien sostiene que la homosexualidad es una enfermedad curable con medicamentos? ¿Acaso escucharíamos a quien dijera que los afrodescendientes tienen el cerebro más chico? También sobreviven, impunemente, los atropellos policiales contra las personas trans, los códigos de faltas y los edictos en 10 provincias. Razones de sobra para marchar como lo hicimos ayer, aunque ninguna suficiente para quitarnos la alegría de estar en la calle, bailando en algunos casos, caminando en otros, poniendo el grito en el cielo en la mayoría, sintiendo que ninguna revolución es posible si no podemos ser, vivir y amar de acuerdo con nuestro deseo y en plena libertad.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Hagamos


Hagamos. Dejemos de mirar y hagamos.
Dejemos de quejar/nos y hagamos. De decir y hagamos...
Hacé.
Transformá la nada en algo. Hagamos.
Hacé un pensamiento. Pensá.
Un sentimiento. Sentí.
Hacernos.
Felices nos hacemos.
HAGAMOS. ALGO. minúsculo pequeño pero algo
una torta o un libro una carta una llamada un abrazo un viaje un guiso para todos una canción
hagamos hagamos hagamos
las cosas no puedan seguir girando de igual modo...
no digamos más. Hagamos.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Certidumbre


Unos días antes de venirme a vivir a Buenos Aires, hace ocho años ya, me junté con un amigo a tomar unos mates y a despedirnos.

Cuando él se iba,bajando por la calle guemes, me abrazó y me dijo: "No sé si te voy a extrañar a vos. Lo que voy a extrañar es la certidumbre de saber que estás."


Fue una frase que jamás olvidé. Vuelve a mí siempre siempre que alguien anuncia que se está yendo a andar nuevos caminos.


Extrañar la certidumbre de saber que el otro está, qué verdad tan verdadera entre todas las verdades verdaderas que pululan en el aire...

Porque en Buenos Aires las cosas son mucho así. Uno se ve poco con la gente que quiere. Pero está tranquilo, seguro, de que el otro, está a no más de un tren o un colectivo de su casa. Está. Existe cerca. Está viviendo en el mismo punto del espacio que uno. Nos llueve juntos. Nos solea a los dos. Él otro está. Siempre está ahí.


Cuando los amigos se empiezan a ir, entonces a uno le entra el desarraigo.
Falta la seguridad de la presencia cercana.
No están más...
Aunque no los veías tan seguido, ahora, directamente faltan. Y uno va a tener que mediar con colectivos y llamadas de larga distancia. Con videochat, o mail, o facebook o cualquier otra red social que hace que uno crea que las distancias se empequeñecen cuando en realidad las distancias cada día se afianzan. Toman una forma indestructible en el mapa que nos une. Y los que partieron, convencidos de que con la nueva tecnología si se van de algún modo también se están quedando , empiezan a estirar su visita. Empiezan a postergar el viaje de reencuentro...el abrazo...

Y digo todo esto nada más porque ayer se fue mi amigo Juan. Y me pone un poco triste.
Se fue a descansar un tiempo de la ciudad que lo/nos agobia, se fue llevándose la certidumbre de su presencia, de su llamada casi diaria. Se fue a andar feliz por el bordecito del río limpio...

Pero qué se yo...tal vez digo todo esto porque llueve hoy, y llovió ayer, y antes de ayer, y sé que a esta máquina de asfalto, a esta Buenos Aires húmeda, le va a empezar a faltar un pedacito que la hacía mucho más bonita...mucho mucho más bonita.

viernes, 30 de octubre de 2009

Aburrimiento


Me gusta

deshilvanarte las palabras

una por una

sin entender lo que estás diciendo.

Descontextualizar tu discurso y ponerselo

a la primer persona que miro en los balcones...

El vecino de enfrente habla de la libertad.

El kiosquero cuestiona la educación privada.

Ahora los demás hablan con tu voz. Bla bla bla....

En la televisión la presidenta habla con tu voz... bla bla bla

El perro de al lado ladra con tu voz... bla bla bla

Dicen las cosas que decís y de la manera en que las decís...

Me gusta separar tu boca de lo que suele decir tu boca.

Mirarla. Observar sus movimientos, separarlos de sus sonidos...

Me estoy cansando de tu monólogo aburrido acerca

de la psicología del mundo y de sus frustraciones.

Yo sigo creyendo en la revolución aunque haya pasado de moda.

No me importa ya tu filosofía de las cosas. Me importa más la canción en la radio. (Y creo que se parece a Ricky Martin....)


(Me gustaría que gritáramos lo que no nos enoja. Que se hiciera violento el pico más alto de la alegría.
Me acuerdo cuando íbamos a la secundaria y faltaba el profesor de contabilidad.
La alegría era violenta. Era peligrosa. Una podría haber muerto de un puño o una patada...pero hubiera sido una muerte de violenta alegría. Nunca más me han invadido las alegrías violentas...)


Seguís hablando..bla bla bla...


(La gente cuando se emborracha se pone contenta. Te dice que te quiere, o que no te aguanta. Se pone a escupir verdades como palabras sueltas...Ojalá la gente se emborrachara sólo para decirse la verdad otro ratito.)


Hoy hace treintaycuatrogrados de calor en buenos aires. Lloramos en la clase de argentina. La humedad trae consigo la nostalgia...el sopor, el vaho, la apatía...
La humedad y yo no nos llevamos del todo bien, pero hemos aprendido a soportarnos. A veces le preparo el desayuno y todo.


A todo esto vos seguís hablando. Amo descuartizarte las palabras. Sacarlas del contexto. Hacerlas que bailen. Pensar en cuánto más vas a seguir con tu discurso. Miro afuera. Vuela un pájaro flaquísimo. Tomo un trago de cerveza.

Junto coraje y te lo digo:

-"Che, y si nos separamos?"-

miércoles, 28 de octubre de 2009

Todas las cosas dicen Mirta



Ataqué el dulce de batata que había en la heladera. Hace días que me venía mirando mal con su cuerpo dorado. No tuve otra opción que acuchillarlo.


Suena el portero eléctrico. Es Mirta que si tengo algo. Que los chicos. La hija. El sida.

Hoy no tengo nada. Mirta debe haber puesto una boutique y una juguetería con todas las cosas que se llevó de casa. Pienso maliciosamente.

Todas las cosas que no usamos susurran Mirta. Toda la ropa que nos quedó chica o no sabemos que está dice Mirta. Los cepillos de dientes dicen Mirta. Las sandalias, los discos, la comida. Todo tiene sabor a Mirta. Sabor de saber que a alguien le falta.


Vino el portero. El de carne y hueso. Diciendo que de casa salían destellos. Luces de colores. Cortocircuitos. Entra y no encontramos nada raro. Salimos al balcón. Los cortocircuitos se van en el aire, llenando el mundo de pelos erizados. Todo vibra. Todo se encrespa. Mi casa se vuelve azul.


Pasa una manifestación para el Congreso.

Ninguna manifestación hace el suficiente ruido para virar la mirada del mundo.


Llamo a Espe. Me cuenta del parcial de Impuestos.

Llamo a Nico. Me cuenta del accidente de su compañero de trabajo.


Busco evasión. Busco evadirme. Recorto palabras lindas en el diario. ¿Para qué? Me pregunto. Sumo palabras y palabras a un frasco transparente. Para ver las palabras, para tocarlas, para mirarlas todas encerradas ahicito, todas juntas. Que no se me peleen las palabras. Que se abracen...


Intento proyectar el taller de la noche. Hoy me he levantado sin ideas. Todas las ideas dicen Mirta. Necesito que me arranque un superhéroe de Buenos Aires, que me lleve volando como en una alfombra....


Se hace un silencio en la siesta. Pasa el amor a visitarme en forma de mensaje. Pasa el amor sentado atrás de un piano. Pasa el amor un poco entrado en años.


Junto las cosas que me van quedando. Lo poco que me queda dice Mirta.

martes, 27 de octubre de 2009

¡Abajo los quietos!


La gente se nos está quedando quieta. Les han quitado las piernas y las alas a todos. Ya nadie se molesta, ya nadie protesta. Ya todos entendieron que la utopía no abriga, ni educa, ni alimenta.
Ya todos entendieron que andar en la lucha no sirve para mucho.
Bendito triunfo de la dictadura, el de dejarnos sentados.
Nos hemos quedado quietos. Mirando cómo pasan los demás por al lado. LLevando una bandera que no nos dice nada.
Hoy éramos tan poco yendo a la legislatura. Con miles de motivos que suenan a anáfora.Un punto ínfimo y triste en la marea de gente. Una pobre estampida de pájaros azules, entre un sonido negro de asfalto y calefones.
Hoy éramos tan pocos andando por las calles. Llevando un desencanto de miles de colores. Hicimos lo planeado. Hicimos lo posible. Pero el mundo no oye. Pero el mundo no escucha...

lunes, 26 de octubre de 2009

Mañanitas


La alegría no es política decís preparando el pan, amasando la harina con el agua, mezclando los elementos...juntándolos a la masa uniforme y leudante que hacés cada mañana con la venida del sol.

La alegría no es política. La alegría no es una metodología de combate me decís junto al café que humea con ese olor que sólo sabe tener el café de madrugada...

Y la gente comienza el exilio diario de sus casas a sus trabajos. Comienza el éxodo de llevar sus hijos a la escuela durante todo todo el día.

Y vos amasás como desencantado con la vida. Metido adentro del vaivén de tus manos que van y vienen en una ternura indescriptible. Vas y venís como tus manos. Vas y venís como tus manos.

Abro el diario. Los uruguayos no llegaron a anular la ley de caducidad.

Vas y venís como tus manos. Una familia explotó junto a su casa en El palomar.

Vas y venís como tus manos. Un colectivo chocó violentamente anoche en San Cristóbal.

Vas y venís. Voy y vengo mirándote y llega la hora de salir y me voy.

La alegría se debe haber quedado dormida, le cuesta levantarse temprano en Buenos Aires, cada día le gusta menos trabajar.

sábado, 24 de octubre de 2009

Pido un deseo

Pido un deseo, o dos, o tres, pido un deseo a la noche con estrellas. Pido que existan las personas necesarias y que exista la ternura imprescindible.
Pido el diario todas las mañanas y el café cortado y fuerte para soportar el día.
Pido música en todos los rincones y colores brillantes en las casas.
Pido amor colgando en los balcones y pedazos de torta en las terrazas.
Pido jugar a la mancha en la oficina y resbalar con cáscara de banana.
Pido una buena película los martes en vez del noticiero que te espanta.
Pido alegría para los que andan cansados, y una penita también, que a veces calma.
Pido que me saluden los porteros con su ánimo feliz de madrugada.
Pido que no maltraten a los niños, ni a los grandes, ni a nadie, nunca, nada.
Pido que gane Mujica en Uruguay, y que revienten de risa ahí en la rambla.
Pido que vengas con un vino tinto, para charlar hasta que venga el alba.

Pido gancho si pierdo en la escondida, y me voy a soñar entre las plantas...

viernes, 23 de octubre de 2009

Dedos


Anoche soñé que no tenía dedos.
Tenía dedos sí, pero hasta la mitad. Dedos cortitos como muñoncitos delicados, diminutos.
Toda mi vida en el sueño era buscar mis dedos que había perdido.
Iba con un amigo de concordia en un cuatro ese blanco buscando mis dedos.
Había un encuentro de candombe en la plaza del barrio.
Todos tocaban los tambores menos yo, porque no tenía dedos. Y no tenía tiempo además, totalmente inmiscuida en la búsqueda de ellos.
En las calles, las publicidades reproducían rostros de amigos. Y yo decía desde cuándo tal o cual es modelo. Nadie me contestaba. El mundo era sólo tambores y cielos atardecidos.
En el medio de la plaza una carpa blanca repartía comida árabe. Desde el auto vi a mi mamá comiendo un shawarma con un saquito de crochet. Yo le gritaba detrás de la ventanilla pero no me escuchaba. No tener dedos era como no tener voz en ese encuentro donde todo era sonido de dedos y dedos sobre el cuero.
Estaba atrapada en mi constante desconsuelo. En mi mutilación estancada.
Después encontré mis dedos, los que había perdido hace años todavía con sangre. Quise incrustrármelos en los muñones al mejor estilo César Aira, pero nada.
Mi amigo del auto me dice que ya no sirven. Que si no están podridos esos dedos mis muñones sí estarán podridos. Que tendría que haberme acostumbrado a la ausencia.
Me desperté buscando la sangre en la almohada. Camino al profesorado estuve todo el tiempo mirándome las manos. Una vez en un accidente de violentas puertas se me salió la punta de un dedo, me quedó abierta como una tapa, como un arma super secreta de inspector gadget.
No sé qué obsesión tengo con los dedos.
No quiero seguir soñando con ellos.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Invitación a la ternura


Cuncún forma parte de los recuerdos de nosotros, eso es seguro.
Nadie que creció en los noventa en Concordia puede evadirse de este personaje desdentado, regordete y querible que andaba y anda las calles de Concordia a todas las horas posibles.
Cuncún era un mensajero del amor. Lo es todavía. Se paraba en el medio de la peatonal a robarle besos a las chicas que pasaban. Un beso nomás, tranqui, en la mejilla...
Quien no esquivó un beso cunqueano no es parte de la memoria colectiva...
Es que Cuncún es uno de esos envíados inocentes al gusanerío del mundo. Uno de esos puro corazón y leve retraso que el sistema mantiene en la calle a la buena del sistema...
Es uno de esos "enmascarados del amor" de los que habla Juan Gelman, ésos que atacan en la calle y besan contra todo, contra todos quizás, esperando que alguna vez alguien, alguno, empuñe su ternura, empiece a fusilar...
¿Y qué hay de malo en ser un poco más cuncún y un poco menos uno?¿Y si salimos a besar y a abrazar por las veredas cómo reaccionarán los otros? ¿Será diferente de parte de nosotros que tenemos todos los dientes y que no hacemos del amor una demostración urbana?
¿Qué pasa que la gente se nos puso tan seria? ¿Tan hosca de mirada? ¿tan paranoica?
¿Hasta cuando seguiremos dejando de tocarnos sólo para creer que así estamos seguros?

domingo, 18 de octubre de 2009

Sumando pedacitos


Nosotros solos no somos nada. Nosotros sumamos pedacitos. Andamos andando en el intento. Nosotros casi nunca llegamos, pero vamos. Y en ese andar nos conocemos. Sé qué te gusta desayunar a la mañana. Sé a qué lugares volvés de vez en cuando. Sé el nombre de tu abuela que murió hace años y que te gusta la leche sola helada y con cubitos.
Nosotros. Vos. Solo no sos nada. Somos algo en el andar. En el juntar mano a la mano, cuerpo al cuerpo, voz a la voz. Yo, sin tu palabra no soy nadie.
Andamos porque nos gustan los colores, los gestos de la linda compañía, la necesidad de la tristeza ajena. Andamos porque ando suena feo. Suena a reloj que se quedó parado. A ola que rompió y quedó en la orilla.
Vivimos en plural. Somos sustantivo colectivo. Humanidad que no soporta la distancia. Almada que se pudre en soledad. Que se llena de gusanos y de hastío.
Nosotros sumamos pedacitos.
Para rehacer el mundo sumamos pedacitos.
Tu cuadro en la frazada es lo que miro. Lo que sentís cuando ves la golondrina. Adonde vas cuando olés un poco de romero. Y lo que te recorre cuando escuchás a Silvio.
Solos no somos nadie. Nadie somos metidos para adentro. Mentira que nos encontramos a nosotros mismos. Nos gustan siempre a todos las sumas de miradas. Los proyectos de a muchos. La cama compartida. Una vida Bristol repleta de personas.
Es que es una obviedad que andar de a uno es cosa de otro mundo. Nosotros desde antes de nacer ya nos compartimos.
Somos dupla desde la panza. Somos familia. Somos andares pegoteados con mermelada de naranja.
Solos ni siquiera decimos buen día...por eso nosotros no restamos nunca.
Y la vida será siempre una suma interminable...
"Vivimos de morirnos. Vivimos de entregarnos.
Vivimos de ser otros, cambiando, entusiasmados." Gabriel Celaya

sábado, 17 de octubre de 2009

Pequeña esperanza


Por las dudas, lo dibujamos en la pared de la cocina de casa, mirá si un día nos olvidamos!!!!

jueves, 15 de octubre de 2009

Mi amigo Chulet y los ovnis


A mí y a Chulet nos han pasado muchas cosas juntos.
Éramos de andar y andar las calles de Concordia buscando historias y a veces encontrábamos algunas.
Eran las épocas de esplendor de la Tururú Tinto Band y de las ferias de fanzines en el mirador arenitas blancas. Eran los múltiples festivales en las distintas plazas y en las escuelas. Los recitales de heavy metal en el anfiteatro de San Carlos. El crazy pub, Octubre, y el club 759.
El "paraíso deforme" ya había comenzado como taller ambulante en la estación de trenes y ya habíamos pedido un espacio en el archivo municipal de Pezarini firmando con cualquier nombre menos con el nuestro...
Ésas eran las épocas en que nos conocimos con Chulet. Nos presentó un amigo en común que desde hace años el tiempo acerca y aleja como le da la gana.
Pero quiero contar especialmente una noche en que vimos ovnis juntos. Digan lo que digan, lo crean o no, es una historia verdadera, tan tan real como las torturas anteriores que sufrimos en manos del Gato Bardo.
¿Quién no se acuerda del Gato Bardo? Todavía anda por las calles concordienses pero ya no es el mismo gato ni el mismo bardo de siempre...(una vez en una cita a ciegas con una amiga el candidato era el gato bardo!!!! pero esa es otra historia que contaré en otro momento)
Ese día había una especie de festival en la Plaza Zorraquín. Con fanzines, tambores, una obra de teatro,murga y algunas comidas...Nos habían pedido que vayamos a sacar fotos del evento, y ahí estábamos. Cámara en mano, con una máquina buena buena, no digital (todavía no existían), retratando lo que veíamos. En eso, el Gato Bardo nos quita la cámara enojadísimo, sin motivo alguno y amenaza con arrojarla lejísimos.
Nosotros saltando abajo como dos perritos pekineses que el amo les acerca y les aleja el pedazo de carne...Es que la situación era así. El Gato Bardo agitando la cámara con sus dos metros y pico de altura y nosotros dos saltando abajo intentando capturarla y muertos de bronca como dos chicos chiquitos...Por suerte, del lado bueno también había un superhéroe de dos metros y pico, que apenas vio el cuadro se puso el traje y vino a socorrernos. Era Tucán Ramírez de la TTB, altísimo y forzudo y buenísimo para salvar a la humanidad. Le quitó el objeto al Gato Bardo, y nos mandó en remisse...sí! Nos puso en un remisse a mí y a chulet como si tuviéramos cinco años, y a todos los tambores del festival para que los lleváramos de vuelta al teatro...Fue un grande Tucán, si Gb hubiera arrojado esa cámara al vacío jamás nos hubiera dado el cuero para arreglarla...
Pero la historia continúa, llevamos los tambores al teatrito, compramos unos jugos, jugos!!! Porque de alcohol esa noche no queríamos saber nada y nos fuimoa a mirar la noche a la pasarela del ferrocarril. Cuando llegamos, un oficial de gendarmería nos dice:-"Elijan su vagón gurise"- Parece que había una especie de telo de vagones que regenteaba el gendarme. Nos dio risa. Pero le dijimos que sólo íbamos a sentarnos un rato en la pasarela a tomar un jugo...el que se rió fue él esta vez. ¿Quién va una noche tarde tarde en el verano a mirar las estrellas y a tomar un jugo? Nosotros. Pero bueno... Nos sentamos en un escalón y empezamos a ver luces de distintos colores. Luces que se movían y se quedaban quietas. Después hacían unas extrañas vueltas que no eran normales. Creo que estábamos tomando jugo alucinógeno! Un Pindapoy concordiense con lsd, no sé. Las luces se hacían grandes y pequeñas. Bailaban. Hacían un intento de lambada aérea que sin duda habían aprendido viajando.No tenían explicación alguna...Eran ovnis. Eran ovnis, que habían venido a visitarnos, a bañarse en el río, a llenarse de río...!!!
Nos empezó a dar un poco de miedo. ¿Y si baja el marciano y nos lleva? ¿Y si se mete adentro nuestro y domina nuestra mente y nos hace asesinar a la gente de la ciudad? ¿Y si se enamora de nosotros y nos obliga a viajar con él a la galaxia de los carnívoros marcianos dementes?
Estábamos especulando todas esas cosas cuando las luces se fueron. El gerente gendarme del telo ferrocarril roncaba al lado de los rieles. De los vagones salían risas lascivas que se habían perdido los ovnis sobre Concordia. Aullaba un perro, bajito, pá no despertar a los durmientes.
Volvimos caminando, en silencio.
Siempre recordamos esa avistaje de ovnis.
En dónde andarás, chulet! Siempre estás viajando. ¿Nos vemos en el verano? Te quiero mucho.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Aniversarios


No es que les preste especial atención a los aniversarios...sobre todo si son aniversarios tristes...pero los catorces de octubres nunca estoy pum para arriba...van pasando los años...uno aprende a convivir con la memoria, a tomar mates con ella, a comer sanguchitos y a acostumbrarse a la ausencia...Es así, uno debe inevitablemente acostumbrarse a la ausencia. Se vive perdiendo cosas, y esas cosas toman formas nuevas y a veces esas nuevas formas pueden volverse hermosas. Eso es parte de la vida. Aprender a reciclar. Lo que antes podíamos tocar o escuchar, ahora tan sólo lo podemos recordar...

No es que les preste especial atención a los aniversarios...es que hoy encima llueve en Buenos Aires, y estoy intentando programar el taller de monstruos de esta noche y se me tiran encima los recuerdos. Se tiran con violencia sobre mí, me voltean el mate sobre la mesa, se declaran más vivos que nunca.

Les digo que se queden quietos por lo menos, que me dejen trabajar, que ya tendremos tiempo para conversar. Tenemos toda la vida para conversar.

Pienso una consigna para esta noche, y las gotas se acumulan en la cocina y las palomas avanzan tan lento sobre sarandí...El mundo parece haberse estancado, se ha quedado quieto.

Chifla la pava, suena la vocecita de Mateo, y pienso, nueve años sin Ger, nueve años ya sin Ger, mi amigo que siempre se reía...el hombre que tenía más cosquillas en la tierra...qué raras son las manifestaciones de la pérdida, qué triste puede ser la primavera cuando alguien sigue faltando...por suerte, dice Galeano, quien nombra llama, y nadie se va del todo mientras exista la palabra que llamando, llameando, lo trae.

martes, 13 de octubre de 2009

Otra vez el mar












Tomé cuatro colectivos y un barco para llegar al mar el fin de semana. Remontamos agua dulce y agua salada y vientos y soles y llegamos a la playa. Es tan lindo ir a la playa lejos de la temporada. Caminar por la arena sin nadie, llena de pájaros y de caracoles y de sonido de olas que rompen contra las piedras. Se siente tan distante el mundo diario cuando uno se escapa unos días a llenarse de viento y de soledades...Se siente tan vivo el universo en uno cuando te salpica la ola que rompe en la orilla...Y el agua tan helada no te importa, no te importa el frío, no te importa el catarro o la neumonía o la tos áspera...ese lugar te abraza con su horizonte azul y no te deja recordar la avenida gris llena de polvo, los autos, los remedios, la televisión por cable.

El mar te saluda y estás sólo. Sabés que te saluda a vos y a nadie más, porque no hay nadie más en el mundo que vos y el mar. Vos y la gaviota. Vos y el faro blanco y rojo, la nube blanca, los huesos del pez muerto, la espuma como un trago de café...


Tomamos cuatro colectivos y un barco. Esperamos largo rato en la terminal Tres cruces con la gente que iba y venía, andaba, quedaba...Gente que se arremolinaba en el mac donalds por nada. Un hombre deforme con sólo media cara. Un llanto. Una queja. Una terrible somnolencia...

Hicimos transbordo, ayuno, prueba de insomnio, corridas, transportamos bolsos pesadísimos de abrigo, de yerba, de libros...sólo para ver el mar. Sólo para dejarnos llevar por el mar, por el arrullo, el vaivén incesante de las olas.


Vamos y venimos, como las olas, por eso las amamos tanto, porque rompemos y volvemos a nacer, nos estrellamos en la orilla para volver al agua salada y ser parte de la inmensidad.

Un fin de semana en el mar.

Necesidad impostergable.

A los que tenemos alma escamada y tráqueas, nos ahoga la vida de la gran ciudad...no nos deja respirar...
"Soliloquio en las olas" Pablo Neruda
Sí, pero aquí estoy solo.
Se levanta
una ola,
tal vez dice su nombre, no comprendo,
murmura, arrastra el peso
de espuma y movimiento
y se retira. A quién
preguntaré lo que me dijo?
A quién entre las olas
podré nombrar?
Y espero...



























jueves, 8 de octubre de 2009

Los viajeros


De vez en cuando uno tiene el placer de encontrar un libro viajero. Los libros viajeros son aquellos que uno no puede conservar después de que termina de leerlos. Son aquellos que uno mientras los lee, ya piensa en a quién se los va a dar. Son libros condenados al viaje. A distintas casas, parques, trenes, plazas, brazos, ojos. No soportan la quietud ni la comodidad de las bibliotecas. Son hojas impresas de poligamia, que no soportan la fidelidad a un sólo lector. Son los que se vuelven necesarios y por lo tanto uno no puede soportar que el mundo entero no los conozca.
Hay libros viajeros por excelencia. Como "El libro de los abrazos" de Galeano, quien lo lee por primera vez lo regala por lo menos dos veces. O "Espantapájaros" de Girondo. No conozco a nadie que lo conserve. Sostengo la teoría y estoy segura de que todas las ediciones de todos los espantapájaros se escapan volando. Debe haber un país de los espantapájaros escapados en donde viven y bailan y conversan de esta tierra nuestra todas esas pilas de hojas imprescindibles. Tiene casi un siglo de vida ese país, y no tuvo todavía ninguna dictadura...
Un libro que no consigo que se quede en casa es "Crónicas intergalácticas" Una especie de manifiesto zapatista con unos textos maravillosos del subcomandante Marcos. Ese libro me escapa, no hay manera de que se quede unos días aunque sea. Cada vez que regresa, ya se está yendo de nuevo...o el de Pescetti "El ciudadano de mis zapatos", que siempre se va caminando, se muda de países, y de estaciones. O "Palabras" de Prévert, que ni bien se va llega en una forma nueva. O "Carta abierta a Buenos Aires violento" de Gudiño Kieffer, que nunca es nuevo, siempre llega en formato recontrausado y comprado a $3 en "Brujas" y no conozco alguno con otro arte de tapa.
Hay muchos libros viajeros. Libros que nacieron para moverse. Para ser parte de todos y no de uno. Para fundirse con el mundo porque están hechos de mundo y no de palabras que entienden unos pocos...
Y tuve la suerte de encontrar hace poco un nuevo libro andante. "Una cuadra" de Márgara Averbach. Esta pequeña novela es una oda a la memoria. Es un pequeño libro que reinvindica las acciones y los héroes colectivos. De esos libros que te dejan con ganas de cambiar la vida. Porque te cuentan que es posible mirar el mundo desde distintas perspectivas sin que deje de ser el mismo mundo.
Ya al principio, Averbach dice en la dedicatoria:" Yo no sé vivir sin el rumor de los otros a mi alrededor. Jamás supe estar sola". Sería maravilloso tomar las palabras de la autora como compromiso. Que nadie pueda estar, vivir, existir sin que existan los otros, sin que nos arrulle la voz de los otros, que le cantan a la tierra, tanto como nosotros.

Y bueno, "Una cuadra" se va a andar andando...bienvenido al viaje.