lunes 8 de febrero de 2010

Una casa en el río





Una casa de madera con pájaros en el techo. Una casa con pájaros en la cabeza. Una casa volante. Voladora. Como la del mago de Oz. Que nunca tiene los pies sobre la tierra.


Una casa etérea.

Voy a tener que decirle que es común y corriente y humilde como las demás.

Aunque llore y patalee y me siga gritando sus inquietudes de dragón alado.

Es que no quiero que siga subiendo más.

Mejor que ancle sus raíces. Que se haga amiga de las demás casas. Que aprenda a escuchar el paisaje que la vio nacer, madera tras madera. Que se aprenda el nombre de los perros que la recorren y de los hombres que cocinan dentro de ella y se levantan tempranísimo para ir a pescar al río en mediomundos.

Voy a escribirle un poema en el techo. Como Neruda, que escribía en el techo de su casa los nombres de sus amigos que iban muriendo. Voy a escribirle con tiza los lugares adonde llegó, para que no se olvide, para que sepa que no es tan complicado andar en el aire, aunque se tenga un cuerpo pesado, y salir ileso. Y seguir feliz.
Una casa.
Una casita con pájaros en la cabeza que le dicen buen día a todo el mundo. Que les tiran frutitos del Paraíso a los señores enojados. Que se mojan con la lluvia y huelen a budín de naranja, haciéndose despacio, con toda la ternura posible.

miércoles 3 de febrero de 2010

Buscando a Juan


"Hay que aprender a resistir.
Ni a irse, ni a quedarse. A resistir."
Juan Gelman


Anoche hablé con vos.
Te ibas al DF a buscar a Juan.
¿Por qué?¿Por qué a Juan? Te pregunté.
No sé. Por vos. Me dijiste.
Y comprobaste.
Que seguimos amando a los perros.
Que estamos siempre rodeados de esos gruñones maleducados
que nos lamen la ropa y las manos,
que desbordan los platos,
que mueven la cola cuando están felices,
y la meten entre las patas cuando están asustados.

Pero...volviendo al tema.
Anoche hablé con vos...
Me pediste perdón por el pasado
y ya no,
ya no sirve el perdón
ya no sirve ni una palabra
ya no sirve nada.
Ya no alcanza una canción.
Ya no alcanza nada.
Te imagino
en el DF
buscando a Juan
que no anda bien de salud te dijeron.
Como mi corazón.
que no sé dónde le duele,
o si tendrá esa hipocondria
tan parecida al amor...

No sé...
Si lo encontrás
decile
que es el motivo
del mundo
que habito yo...

domingo 31 de enero de 2010

Cómo nace una historia

Comenzamos a inventar historias en la orillita del lago. Marga pescaba mojarritas con una bolsa de nylon y el cielo estaba nublado denso espeso como la leche condensada.
Las historias nacen como los rumores. De gente reunida alrededor del fuego, alrededor del mate, con ganas de sumar palabras al discurso del mundo.
Y la tarde de verano se prestaba para un cuento de suspenso. Las nubes grises que se avecinaban gordísimas por el cielo se nos unieron a la ronda y nació el monstruo.
Las mojarras dejaron de interesarse en el bizcocho viejo y escucharon la historia.
Los pájaros que merodeaban agobiados del calor escucharon la historia.
Los sauces, dejaron de llorar un rato su pena antigua y prefirieron la historia.
Es que todo cuento que nace, nace porque un oído está ahí, atento al desenlace.
Nació el monstruo del lago de Salto Grande un sábado de enero y los turistas huyeron.
Cometió atroces asesinatos de insectos y hasta un incendio.
Doce naufragios se le adjudicaron y una tormenta de truenos.
Todo empezó a parecerse real en nuestra orilla.
No había calma en el mate amigo ni en las medialunas. Todo era un escozor y cualquier ruido nos sobresaltaba.
Un perro se alejó por miedo a volverse personaje. Lo vimos correr entre las piedras, con la cola baja.
Comenzamos a narrar historias a la orillita del lago. Y así nació el monstruo, que se hizo compañero después, y nos cebó unos buenos tererés cuando cayó el sol...

domingo 24 de enero de 2010

"Anchoas" (Para Pablo que le vine contando de estos navegares)


No. Anchoas en el río no hay Ce me dijiste serio, seco, descreído de mí y de mi aguada palabra.


Y me cebaste un mate, amargo, lavado, y me dijiste Imposible, niña, gurisa, la anchoa, es un pez de mar, no de río, de mar, como la caballa.


Y yo, que no sé de hábitats marítimos pensé que lindo montar una caballa y salir a cabalgar entre las olas, qué lindo, como ir a cuestas de una raya bordeando las orillas...


Y me dejé llevar por tu sapiencia y te cambié de tema...


Entonces Nos inundaron los colores y la luna nos dejó en silencio a los dos y te dejaste acariciar y me dejé tocarte. Y te dejé entrar en mí. Vos y tu conocimiento de la fauna, tu breve pasión por lo salvaje. Vos, entrando en mí con delicada furia mientras el bote se ladeaba de un lado a otro, de un lado a otro, de un lado al otro, y la luna, cubriendo la noche con su aliento blanco y el río, tibio caminante debajo de nosotros, de nuestro amor desnudo, de nuestro húmedo amor...


Algo sentíamos. Algo que iba más allá de la noche, más allá del lugar, del sexo ligero y cálido como el verano, como la ropa del verano, algo que andaba en el agua, que se movía además o también en el vaivén de nuestro abrazo...


Anchoas pensé anchoas te dije.

jueves 21 de enero de 2010

Enero me dice...





"yo me quedo con todas esas cosas, pequeñas silenciosas, con ésas, yo me quedo" (Pablo Milanés)

Enero me dice que anda cansado. Que este año lo encontró viejo y apático y solitario. Que anda sin ganas de clericó y de playa concurrida. Que prefiere una siesta en la galería, una siestecita tranquila escuchando Viglietti y tomando unos mates mientras el mundo gira, como si nada.

Enero me dice que anda con alma de poesía. De torta marmolada a la tardecita. De grito de diarero y de chicharra asustada. De caminata nocturna al lado del río. De conversaciones largas con vino en la mano. De abrazos gigantescos en cualquier vereda.

Que anda con ánimo de gelatina, sí, de gelatina. De disco de rada al atardecer. De lapiz urgente para dibujar un pájaro, de mariposa blanca en la ventana.

Que anda con espíritu de pescador, con corazón de bicicleta.

Enero me canta una canción de cuna. Para dormir a los perros y a las vecinas. Una canción de tero guardián en plena quinta. Un salpicón de agua en medio de la frente. Un libro de arena pisado en la baldoza. Un plato desparramado de pan dulce.

Una soledad enera impúdica bajo los árboles.
Una llovizna caliente sobre la mesada.
Una caricia suave en el pelo mojado.

Eduardo Mateo flotando en el aire, entre las nubes.

Enero me dice...
que de esas cosas se trata un poco, un poco, la felicidad...

martes 12 de enero de 2010

Si Virginia...



Si Virginia Woolf hubiera estado esa noche con nosotros en ese jardín alguna cosa hubiera aportado a la charla. Nos hubiera contado algo de la escatología de Joyce y hubiera escuchado la lluvia tan violenta sobre las chapas.

Si Hemingway se nos hubiera aparecido, algo nos habría contado. Se tomaría esos rones con nosotros y nos enseñaría la manera justa de mirar el mundo a través de un vaso de alcohol y hubiéramos, juntos, imaginado un mar.

Si ese director de cine yanqui del que no recuerdo el nombre nos hubiera escuchado hablar de él. Habría regresado del más allá a contarnos la historia verdadera de los elefantes.

Porque nosotros somos palabras que llevan palabras. Cargamos vidas y discursos ajenos en la espalda.
Restos de poesía que el tiempo deforma aumenta y rehace a su antojo. Restos de poesía que el tiempo devora con ferocidad...

Y bajo la lluvia seguiríamos tomando cuba libre y viendo los árboles moverse con el viento incesante de la madrugada. Un reggae lento y monótono dejaría los cuerpos bailando a la intemperie en la misma y aburrida fila rítmica, entre los bananos.

Si Virgina Woolf hubiera estado esa noche ahí, en ese jardín, yo sé que me hubiera sacado a bailar en el instante mismo en el que comenzaran a nacer las estrellas sobre Concordia.
Yo sé. Que me hubiera sacado a bailar.

viernes 8 de enero de 2010

Blancos pedacitos...

Estábamos pasando la siesta en el jardín. Ensimismados, inmiscuídos en el agrioinfernal canto de las chicharras y el último disco de lisandro aristimuño. Tan alto tan fuerte cantaban las bichas que apenas podíamos escucharlo. Las perras se entretenían intentando atrapar los mosquitos en el aire y en el intento hacían un sonido seco como un clap duro un aplauso interrumpido...
Una canilla goteabla plic plic en una olla abandonada. Un benteveo miraba con mirada asesina desde el limonero.
No había lugar para el silencio.
En la cocina, alguien preparaba galletitas con paté y buscaba el abrelata entre todos los utensilios del cajón que chirriaban. Chás..clin..clan...
El sol cubría el cielo con lascivia.
Vos cebabas el mate y me hablabas me contabas cómo se te venía escapando el amor por estos días.
Vos te quedabas sentado en la galería y lo veías pasar al amor en bicicleta. Te lo encontrabas en la panadería. Lo veías desnudo en la orilla del río.
Y yo te decía a todo que sí. (Siempre te digo que sí, pero adentro mío al mismo tiempo me viajan historias de miles de colores, yacarés me nadan por la sangre, ideas me llenan el alma)
Y vos seguías en tu ternura cálida y precisa y fue ahí que vimos a la planta vibrar.
No necesitó ni un viento para empezar a temblar como una virgen. Nada necesitó y se sacudió, comenzó a sacudirse como perro pulgoso y todas sus pequeñas partículas de cuerpo empezaron a cubrir el aire y el jardín.
Y todas las cosas se callaron. Todo el universo se quedó callado para mirarla. Para mirar los hijos de la planta que se echaron a volar por el mundo.

... los vimos alejarse en el aire, blancos como dientecitos con alas, blancos como pedacitos de amor entre las sábanas, blancos...

sábado 2 de enero de 2010

que las cosas sean...


Yo quiero que las cosas sean así de fáciles.
Que juntemos cuatro o cinco pedazos de soga y podamos jugar toda la tarde.
Y Que esos pedazos de soga que son nuestro juguete nos parezcan importantes.
Que no lo olvidemos entre los naranjos.
Y que nos pasemos el año jugando. Jugando como un cachorro. Queriendo.
Yo quiero que las cosas sean así de simples.

Que no nos compliquen más el mundo.
Que te tomes unos mates conmigo esta tardecita.
Que me lleves a mirar el río.
Y que nos seamos importantes. Y que nos importemos.

Que juntemos cuatro o cinco piedras en la orilla.
Y juguemos a quien hace el sapito más largo, mientras las nubes del atardecer cubren el cielo, y la vida se vuelve rosada y tibia y melancólica y nuestra....

Lo veloz


Y este comienzo de año me encontró en paz. Dejé la bici a un costado y voy a caminar. El río dejó su marca por toda la ciudad. ¿Qué se llevó el río? ¿Adónde se fue el río que se fue? Me voy a ir con él. Seguro él sabe más que yo lo que se siente correr y que el verde alrededor se vuelva una acuarela. Le voy a preguntar algunas cosas. Ya tendré tiempo de parar. ¿A quién no le gusta de vez en cuando la velocidad?

lunes 28 de diciembre de 2009

Como sapos

En Federación los sapos se quieren, y no les importa otra cosa que quererse.
Los sapos se aman cada día como el último día, y después salen a cantar en la orilla y a nadar un rato. A mirar el sol que se pone sobre el lago crecido y a comer moscar jugosas y gordas para festejar el fin de año.
Los sapos son felices...y feos y granujientos y tienen miradas frías y no son suaves y la gente a veces les tiene miedo.
A nadie le gusta compartir la pileta con un sapo. Los sacamos del agua y los arrojamos al aire, y hasta es divertido ver, cómo se despatarran en el cielo y caen en cualquier parte del mundo.
Algunos malditos hasta los hacen fumar para que exploten. Algunos les tiran piedras. ¿Por qué? Son tan buenos los sapos. Y les importa tan poco nuestra indiferencia o nuestro maltrato....ellos son felices igual. Para ellos la felicidad es algo establecido, como la vida.
Y se aman entre los pastos, en el agua, dejan sus huevos rosados que contrastan con todo el marrón del barro y de los ríos.
En Federación y en todos lados los sapos se aman. La gente no sé...



...amémonos como los sapos, amémonos y salgamos a cantar después y a mirar el cielo. Amémonos entre las plantas y dejemos pasar el sol bien despacito...
...Como sapos. Verdes. Grises. LLenos de croacraces húmedos. Llovamos. Andemos. Amémonos. Cuidémonos. Hagámonos un uno. Uno solito así, cerca del agua, y vivamos...y vivamos, sí, de esa manera.

miércoles 23 de diciembre de 2009

Abstracto


Hoy me levanté y la lluvia todavía se sentía en el aire. Cerquita, se escuchaba el río manso y gigante sobre el camino. Respiré hondo. De los árboles colgaban gotas, y andaba una brisa, una brisa rara por el cielo, una brisa fresca y húmeda, contradictoria...
Pensé en vos. Tengo un recuerdo en abstracto. Es así. Una visión borrosa de tu sonrisa que me recorre a veces. A veces, con la noche, con la lluvia, con la soledad o con la risa.
No supe más nada de vos. Nada de vos. Hace días que dejé de encontrarte en la calle Pasco y no sé por dónde andarás. Quizás andarás cerca del río, como yo, preso de ciertas melancolías que trae el fin de año, o quizás andarás envuelto en la ciudad, eufórico, feliz, no sé.
Te quedó al menos un recuerdo de mí. Un pequeño libro para leer. Una flor.
El sol salió apenitas en la siesta y trata de cubrir la galería. La perra acaba de escaparse y enloquecida, pisa los charcos de agua que las baldozas protegen, resguardan de la desaparición...

Hay un viento que mueve las hojas, y las macetas colgantes. Miro el jardín y aparecen el viejo gomero y el banano. Una jugada a la escondida de la infancia. Un piano.
Quiero tomar mate y sentarme a mirar en el escalón, cómo volvió a salir el colibrí para hablar con las flores.
Al menos alguien todavía se encarga de volar entre las flores. Quiero ser un colibrí. Alas de colibrí livianas y solas como canta Silvio. Quiero escuchar a Silvio.
Hace diez años mirábamos la lluvia con el Juanchi acá en la galería, y cómo nos gustaba.
Vuelvo a tu recuerdo en abstracto, es una sutil forma de la felicidad, y el jazmín me hace llegar una invitación, y voy para allá...me voy a quedar ahí, si querés...podés darte una vuelta, si tenés ganas, siempre hay alguna manera de llegar.

sábado 19 de diciembre de 2009

Mañana de sábado

Recibí la mañana en Lanús. En el borde de una avenida, esperando un colectivo que jamás pasaría y viendo como los rosados del cielo cambiaban a naranjas, amarillos, violetas. Mirando una pequeña rata que hurgaba entre las basuras (¡cómo me gusta el verbo hurgar!) y mirando la gente que volvía de sus salidas, rota, gente rota, partida al medio, como nosotros de tanto brindar, de tanto bailar, de tanto hablar, de tanto andar por la noche cálida que nos abrazó desnuda.
Recibimos la mañana en Lanús. La estación de trenes estallaba de gente. De panzas, de amigos que vuelven abrazados para avanzar un poco...
Es el clima de las fiestas. Ese mejunje, amalgama de euforia con pena, de euforia con vacío. Indescriptible. Vemos que pasan los años, que pasan los días, y vuelven los fines de años con todas sus celebraciones, sus despedidas, sus juntadas, sus cenas, sus almuerzos, sus llamadas...
Un ciclo saludativo, alegre y a su vez, contradictorio. Por que el año pasa, y el año que viene, aunque si bien parece incierto, vuelve a ser la misma cosa.
Yo no quiero volver a ver lo mismo. Quiero que Buenos Aires se ponga las pilas o se ponga las alas, para quitarnos este deseo de partir todo el tiempo.
Llegué de Lanús a las siete de la mañana y Rogelio ya tomaba mate en la puerta. Arranca temprano la vida de Rogelio che. le digo.
Un hombre de remera azul y de ojos azules estaba parado al lado con unos colchones. Nuevos vecinos para arrancar el año. Buen síntoma.
En mi casa ya no hay nadie. Todos se fueron a Concordia. Estarán al sol mientras yo escribo esto en la soledad sin ruido de mi casa. Escucho la música de Zorba el griego y dejo que una leve alegría me recorra, como si algo fuera a suceder hoy mismo en el mundo.
Tengo que terminar este café e irme a tomar el subte E para trabajar con Nico en los escritos de los chicos del taller...Los ojos no me abren del todo. Tengo un vaso de cerveza en la cabeza y una nube rosada de Lanús que me traje pegada al vestido. Tengo una canción que me persigue todo el tiempo y una humedad que últimamente, se lleva bien conmigo.
Qué se le va a hacer. A veces es inevitable la felicidad.
Cada vez pienso más, que la vida, está terriblemente de mi lado.
"La pura verdad" Paco Urondo
Si ustedes lo permiten,
prefiero seguir viviendo.
Después de todo y de pensarlo bien, no tengo
motivos para quejarme o protestar:
siempre he vivido en la gloria: nada
importante me ha faltado.
Es cierto que nunca quise imposibles; enamorado
de las cosas de este mundo con inconsciencia y dolor y
miedo y apremio.
Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría; tuve
sueños espantosos y buenos amores, ligeros y culpables.
Me avergüenza verme cubierto de pretensiones; una galli-
na torpe,
melancólica, débil, poco interesante,
un abanico de plumas que el viento desprecia,
caminito que el tiempo ha borrado.
Los impulsos mordieron mi juventud y ahora, sin darme
cuenta, voy iniciando
una madurez equilibrada, capaz de enloquecer a cualquiera
o aburrir de golpe.
Mis errores han sido olvidados definitivamente, mi memoria
ha muerto y se queja
con otros dioses varados en el sueño y los malos sentimientos.
El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme, pero
lo he derrotado para siempre; sé que futuro y memo-
ria se vengarán algún día.
Pasaré desapercibido, con falsa humildad, como la Ceni-
cienta, aunque
algunos
me recuerdan con cariño o descubran mi zapatito y tam-
bién vayan muriendo.
No descarto la posibilidad
de la fama y del dinero; las bajas pasiones y la inclemencia.
La crueldad no me asusta y siempre viví
deslumbrado por el puro alcohol, el libro bien escrito, la
carne perfecta.
Suelo confiar en mis fuerzas y en mi salud
y en mi destino y en la buena suerte:
sé que llegaré a ver la revolución, el salto temido
y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra desidia.
Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;
compartir este calor, esta fatalidad que quieta no sirve y se
corrompe.
Puedo hablar y escuchar la luz
y el color de la piel amada y enemiga y cercana.
Tocar el sueño y la impureza,
nacer con cada temblor gastado, en la huída.
Tropiezos heridos de muerte;
esperanza y dolor y cansancio y ganas.
Estar hablando, sostener
esta victoria, este puño; saludar, despedirme.
Sin jactancias puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco.

jueves 17 de diciembre de 2009

Un mangangá y el sentido práctico de la palabra según Antú


El feriado del ocho de diciembre nos levantamos temprano y decidimos con Antú ir a caminar a la reserva ecológica y llegar al río. Yo andaba con necesidad de río y de orilla, y no nos importó que la única playa posible fuese una adoquinada.


En el camino, ya en la costanera, se nos cruza un mangangá gigante, que salió de entre las plantas a toda velocidad sobrevolando nuestras cabezas y haciendo círculos en el aire.


-Mirá Antú! un mangangá, un mangangá- le digo


- ¿Qué?- me contesta

- un mangangá!!!!- (no suelo ver mangangases en buenos aires por eso me alteré tanto)


Y él me contesta. -Mamá, ¿por qué seguís hablando como en Concordia si hace tiempo que vivís en Buenos Aires?. Acá es abejorro!!!!-


Y yo le digo: -Antú, yo aprendí a hablar de una manera y no me parece que tenga que cambiarla por vivir en otro lugar. Además la palabra mangangá es guaraní, y es más linda que la palabra abejorro-


Y Antú, me dice, bien serio, casi enojado. -Pero mamá, pensá, la palabra "abejorro" tiene un sentido, es una abeja, pero grande, o gorda, un abejorro. En cambio mangangá ¿qué sentido tiene?-


(No sé. Un sentido estético para mí, o de pertenencia a cierta región, no sé)


Y entonces vuelve a su clase de doctorado y me dice otra vez: -Pensá, por ejemplo, colibrí y picaflor. Colibrí es más linda, pero picaflor también tiene un sentido. Si pica una flor, es porque tiene pico, es un pájaro. En cambio ¿colibrí?-


Para Antú el lenguaje no es tan arbitrario. Le dio un giro a la esperanza. A la frustración colectiva de que las cosas se llaman porque a alguien se le canto alguna vez que se llamen.


Como a mí a veces se me canta nombrar las cosas como me da la gana.


El mangangá desapareció volando sobre las barandas. Una paloma picoteaba un resto de chorizo. La siesta se nos venía encima con toda su rabia.


Y yo me quedé pensando en las palabras, en una larga cadena de palabras en la que con Antú nos hamacamos hasta marearnos...






miércoles 16 de diciembre de 2009

y en el sitio ése anda siempre la ternura....


Con el Gusta decíamos que no se podía escribir nada bueno si se estaba enamorado.

Que lo que nos podía salir bien, que valiera la pena, surgía de momentos de tristeza, de penita, de desesperada soledad.

Pero el Gusta y yo jamás andábamos en soledad. Y jamás dejábamos de andar enamorados. No concibíamos la vida sin amor y entonces, siempre íbamos a estar escribiendo cosas horribles.

Era modesta nuestra teoría. Jamás llegaríamos a escribir algo bueno si seguíamos como diría Gelman, siempre trayendo noticias del amor.

-"¿A qué apostamos, ceci? ¿A qué? ¿A la literatura o a la ternura? ¿En qué punto pueden coincidir sin rozar las cursilerías siniestras? ¿Para dónde vamos?"-
El tiempo nos separó un poco. De esas épocas en que vivíamos poetizando, tomando mate con lavanda picada, tomando vino hasta que venga el alba, ya no queda nada.

Buenos Aires nos hizo otra cosa. Nos rehizo de otro modo. El gusta trabajó en un kiosco. Conoció mujeres, conoció lugares y el andar enamorado ya era una circunstancia a la que no le dábamos tal importancia como para que creara un debate en nuestra vida. Y después se fue.
El tiempo nos separó.
Un poco nomás.
Porque me lo encontré hace un mes en el encuentro de murgas y nos reconocimos. Él, como siempre, de la mano del amor, y yo, en alguna pasajera soledad.
Nos reconocimos. Casi hermanos somos con El gusta. Nos separa un cachito la distancia, pero el alma, yo sé, la tenemos repartida, un poquito para cada uno.


Se caen todos los soles del otoño
entre las plantas del zapallo/
y en el sitio ése
anda siempre
la ternura (que)
arde/ bochornosa y enfadada/
El tocarse con otro cuerpo el fondo
es el juego que nos une a todos/
La timidez trae muchos espacios de imitación/
Arcos que vibran en el sentido
mientras nos agarramos como a un cable
de 360° y nos electrocutamos.../
Es bueno saber que en el habernos
quedado pegados existe el sentido
de la familia de palabras/
que dice:
seguir el camino/ cualquier
camino que tome el corazón/
el alma.
(él puso las palabras, yo las hice bailar, y ahora que las leo de vuelta, veo algún intertexto con alguna canción de La Renga no? Pucha, maldito rocanrol, maldita teoría literaria...)

martes 15 de diciembre de 2009

La pileta zombie (una historia de horror)



Hoy hablé con Tere para ver en qué andaban sus cosas allá en Concordia y para arreglar qué hacemos la semana que viene que voy para allá a quedarme unos cuántos días. Qué vamos a hacer sin playa pensamos las dos. Adónde vamos a ir estas tardecitas que vienen si no tenemos la playa, ni la costanera para ir a tomar unas cervezas. No sé. Qué triste va a estar el río tan alto, che.

Entonces le digo, rememorando viejas épocas, de ir a la pileta de su casa, al lado del limonero, y escuchar El otro yo y alegría alegría como en la secundaria.

Y Tere me dice que sí. Que ahora no hay problema. Pero si hubiera sido hace unos días, sí los hubiera habido. Lo que pasó fue verídico, me lo contó Tere y sucedió en su propia casa en la calle Federación.

Parece que con las recurrentes lluvias y humedades de Concordia, la tierra que bordea la pileta se ablandó, se puso frágil a todo removimiento, fértil a más no poder. Y la pileta, que sentía que esas cadenas que la ataban a ella, a la tierra, estaban rotas, sufrió en todo su cuerpo la necesidad de la libertad.

Sacó un pedazo primero, después otro, y otro, y al final, se desenterró...feliz estaba!!! Agitando la bandera de la euforia después de años abajo del suelo mirando siempre la misma porción de cielo.Era un muerto que había vuelto a la vida, y se estaba yendo para la avenida San Lorenzo a tomar un flechabús para la capital cuando Tere la vio.

Numerosos vecinos tuvieron que ayudarla a capturar la pileta. Que estaba loca de ira de sólo pensar en volver a un jardín entre cuatro paredes. (por más que iba a extrañar un poco al limonero, que tan bien la atendía.)

Y así, entre vecino, cuerdas, disparos, capturaron a la pileta y la devolvieron a su lugar establecido. ¡Pobrecita que sólo pudo gozar unos minutos de la libertad!

Ahora no sé. Tengo miedo de que nos muerda si nos metemos dentro de ella este verano. O nos cierre los brazos tan fuertemente hasta asfixiarnos o no sé... Voy a decirle a Tere que mejor vayamos a la pelopincho de la Espe, que no tiene ningún resentimiento con su lugar en el mundo, ni ninguna aspiración de pájaro.